Juan Antonio Rosado

Al considerar el estilo, además de técnica y recursos, de procedimientos para acatar (y atacar) un tema, es sensato pensar —como afirma de Alfonso Reyes— en “el reflejo del temperamento en el espejo de las palabras”. El estilo refleja el yo, y el ensayo, género versátil, es libre para manifestarlo sin tapujos, incluso en detrimento del rigor. Guillermo Espinosa Estrada es un ensayista que refleja, como versa el título de su primer libro, La sonrisa de la desilusión, justo porque acaso su temperamento opte por la sonrisa aun bajo el peso del mal. El humor, la ironía, el tono lúdico —Víctor Hugo decía que en El Quijote, detrás de la risa, hay una lágrima— son los ingredientes con que Espinosa adereza sus textos.

Los doce ensayos que conforman esta sonrisa amarga se nutren del juego con la cultura, como lo hacen, por ejemplo, los argentinos Les Luthiers o los ingleses Monty Python: humor inteligente y desencantado. Es entonces un umbral el primer texto, “Burladero”, apología de la hipocresía: “Nada tan primitivo como decir siempre lo que pensamos” (¿es sincero el autor?, es decir, ¿es “primitivo”? Sólo él lo sabe). “Hipócrita” significaba “actor”, y todo artista debe convertirse en tal para crear mundos y lógicas. ¿Fue congruente Rousseau al concebir un tratado sobre educación y a la vez descuidar a su hijo? “Burladero” es, en apariencia, un retrato donde el personaje defiende el sarcasmo, la broma, la risa. Allí se afirma que la sonrisa de la desilusión “aparece en quien no tiene nada más que perder”.

A partir del segundo texto, el autor penetra en temas poco ensayados, sin claudicar a la seriedad del humor, sin escatimar un buen chiste. Entre otros asuntos, trata la comedia musical (“pródiga en ostentación y mal gusto, se obstina demasiado en agradar”); el pastelazo y otras formas de la tragedia; la familia dink (Double Income, No Kids); el apocalipsis como juego de niños, con “patente y marca registrada”, reflexión sobre la necesidad colectiva por el fin del mundo, lúcida apreciación sobre el libro de Juan y una conversación con el —acaso— hombre sin cualidades. Este vagar en el laberinto de las palabras llega a un original paisaje con la “Breve vindicación de Johann Sebastian Mastropiero” (Les Luthiers) y continúa con “Bibliotheca Scriptorum Comicorum”, título que parodia la célebre colección de clásicos que la UNAM inició en 1944. El amor, la familia, el narcisismo y Edvard Grieg son otros temas que se despliegan en olas de sonrisa inteligente y sal, en una vasta calle, nada espinosa, en que cohabitan la risa y la amargura.

Guillermo Espinosa Estrada, La sonrisa de la desilusión, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes / Tumbona Ediciones (Colección Derivas), México, 2011; 109 pp.