Ataque a El Norte

Teodoro Barajas Rodríguez

Morelia.- Sin libertad de prensa, estaríamos a merced de las dictaduras, del autoritarismo más cavernario e impresentable. México se ha distinguido en los últimos años por reportar abusos contra comunicadores, muchos de ellos desaparecidos y asesinados, Michoacán tiene sus estadísticas rojas en la materia como muchos otros puntos geográficos, a veces parece pandemia.

El último ataque registrado fue contra el periódico El Norte de Monterrey del Grupo Reforma, en ese caso concreto como en muchos otros la justicia no hace presencia, los discursos no resuelven ni las fiscalías creadas ex profeso para atender estos numerosos casos arbitrarios e ilegales.

La prensa crítica no gusta a los gobiernos sean de la extracción que fueren, la soberbia se apodera de gobernantes que sólo hacen aflorar su vocación por la lisonja servil, por las notas amables o de color de rosa.

La prensa de cada país refleja el diagnóstico de los pueblos, así como la historia muestra el peso de los padecimientos. Nuestro país reporta cifras salvajes contra la libertad de expresión, ahora se teme a los grupos del poder fáctico, son varios los medios de comunicación que ya no tienen la sección de nota roja por temor a represalias.

Después de acontecimientos como el atentado contra El Norte y la muerte de muchos comunicadores no concibo que se asegure que tenemos una galopante democracia si ésta no se acompaña de una justicia evidente ya sin el velo en los ojos como en la alegoría griega.

No concibo un pensamiento único, no se trata tampoco de cuadros negros o blancos porque las visiones autoritarias no caben en el contexto de la normalidad democrática, tan válida es una ideología de la derecha o la izquierda, eso no es peligroso lo preocupante radica en aquéllos que desean imponer únicamente sus argumentos. Nadie lo sabe todo, todos aprendemos de todos como bien lo puntualizara el gran pedagogo brasileño Paulo Freire.

El periodismo es una actividad que se encarga de historiar el presente con todo lo que existe, es una profesión de alto riesgo en nuestro país. Decir la verdad sin cortapisas afecta intereses, aunque en México tenemos joyas de la historia reciente como aquella vez que el presidente José López Portillo gritó voz en cuello: “No pago para que me peguen”.

Esto es México, tierra de abusos e impunidad, nadie podrá negarlo. Toda una polifonía lo grita porque la violación a los derechos humanos es una práctica recurrente.

Ya basta de ataques contra la prensa, finalmente no podrán silenciar voces ni censurar el sentir de una gran mayoría que desea vivir en paz en el pleno ejercicio de sus derechos. Queremos justicia.