David Enríquez

Soy feliz, declaró en entrevista María Victoria antes de salir a ser homenajeada, y recordó a su querido público de las carpas, que, cuando ella cantaba, en esa misma canción, Soy feliz, “es que estoy tan…” no tardaban en gritarle “¡Tan buena!”

La leyenda de la música popular mexicana, de la televisión y del cine de la época de oro, María Victoria, Inocencia, recibió un homenaje por sus sesenta años de trayectoria, en la recién inaugurada Fonoteca Nacional, antigua casa de Octavio Paz. En una charla dirigida por Pável Granados, y con la presencia de Iván Restrepo, “el fan número uno de María Victoria”, como declaró Pável, y el especialista en cine y televisión, Gustavo García, María Victoria habló de sus inicios en la música, en el teatro, y después de su época dorada en el cine y la televisión.

Antes de la charla con Pável Granados, Iván Restrepo y Gustavo García, que fue llena de anécdotas, recuerdos y bromas, tuve la oportunidad de entrevistar a la gran actriz. Ante el primer “¿Cómo está, María?”, ella no tardó en responder: “muy feliz por el homenaje”, y deseaba “tener la facilidad de palabra para poder agradecer a todas las personas que vinieron”. Ahora, encumbrada, María Victoria recordó sus inicios en el espectáculo, cuando apenas de nueve años, y “con un cuerpo de señorita, bien torneadito”, una empresaria la invitó a cantar junto a su hermana, a quien había ido a escuchar.

María Victoria declaró que su primera ilusión, casi infantil, fue la moda. “Cortaba ropas de los periódicos, sombreros, vestiditos, y se los pegaba a las modelos”, pero que con la vida escénica se alejó de la alta confección. Al parecer, este oficio fue una ilusión de niñez para ella, “como cualquier otra niña, jugaba con mis muñecas y las vestía bonito”, dijo, con su característica sencillez. Pero ya iniciada su trayectoria definitiva, María Victoria dice “en realidad nunca tuve sueños; el gusto y la compañía familiar me fueron impulsando”.

Ahora creo que el éxito continuo no dio tiempo a María Victoria para soñar. Apenas iniciada su aparición en la carpa, con su primer éxito “Amor perdido”, María no tuvo tiempo de descansar. Con quince años cumplidos, hizo su primera aparición con el maestro Luis Alcaraz en “El Patio”, de aquella noche, recuerda que “había ido con mi vestido largo, las tobilleras y sin maquillarme, como una chiquilla, y ahí me dijeron, ‘pero para la noche, píntate un poquito, niña’, y yo me fui emocionadísima a mi casa a pintarme y me acuerdo que me hice unos rayones espantosos”.

Junto con Toña la Negra, Amparo Montes, y muchas actrices y cantantes de aquella época, María fue subiendo el escalafón de la fama; su talento y reconocimiento se hicieron más grandes gracias a la mezcla de su sensualidad y su increíble capacidad interpretativa. Dudaba Iván Restrepo del éxito de María Victoria de no haber sido por esos entallados vestidos que, según María, “se los tenían que poner con calzador”; el público de aquellos años era muy distinto al de los conciertos de ahora: era un público difícil que interactuaba con las cantantes, salían a beber, bailar y divertirse. Ya entraba ella a escena y empezaban a chiflarle y gritarle, entonces, declara la misma María, “había que responderles, pensar rápido e improvisarle para que saliera bien”. No es sólo un vestido entallado o el cuerpo de la que fuera un símbolo sexual, en palabras de Iván Restrepo; sin esa chispa, la facilidad de improvisación y la alegría de María Victoria, no podríamos hablar de la gran, y sensual, actriz que conocemos.

Con respecto al reciente fallecimiento de Chavela Vargas, María se dijo muy triste, y que comentaba con Resortes hace un par de años, “oye, ¡cuántos se nos están muriendo!”, entonces, el cómico y también gran actor, le respondió “sí, querida, ¡pero que nomás no empujen!”. “Es natural que las generaciones se vayan yendo” dice María, “ya vienen en camino otros artistas a ocupar esos lugares, con un público distinto y una formación distinta quizás, pero vienen”.

La conversación que sostuvo la actriz con Pável Granados, Iván Restrepo y Gustavo García tuvo una dinámica muy interesante. La fonoteca recuperó archivos sonoros de las películas de María Victoria, entonces, se reproducían esas canciones y posteriormente María y sus interlocutores las comentaban. La experiencia fue sumamente enriquecedora para el público, que abarrotó y hasta coreó las letras de la época dorada junto con María Victoria. La primera pista que sonó en la sala fue un mambo inédito, recién rescatado, que compuso Pérez Prado para María Victoria, donde ella colabora con unos versos. Esta melodía sirvió de pauta para hablar de los maravillosos arreglos musicales de las orquestas de Juan García Esquivel, que declaró María, “una noche le dije que quería interpretar un par de canciones, y Juan le dijo al trompetista, dame tal nota, y a los otros músicos igual, y en cinco minutos ya me tenía el arreglo de la canción para presentarla”.

De sus años de teatro, María recordó con especial cariño al público y el ambiente de las carpas. A ella no le gustaba cantar su éxito “Como perro”, porque “iban a decir, ¡María canta como perro!”, recordó entre risas; también relató la envidia que le tenían las demás mujeres por su físico. “Una vez estaba con Toña la Negra en un ring de peleas, y bajando ella, pasé yo, entonces sentí un pinchazo atrás y di un brinco. Voltee y dos mujeres  me habían picado con un alfiler, según ellas ‘para ver si eran de verdad’. Después las pusimos en su lugar, sobre todo Toña la Negra”, relataba alegre la cantante.

En los años cuarentas y cincuentas, con los discos de 78 revoluciones, y de 33, después, se cumplía con todo un ritual para realizar la grabación de una melodía. La orquesta tenía que tocar impecablemente, igual la cantante, sin un sólo error, de lo contrario, iniciarían desde abajo las canciones. No en partes, como se hace ahora. Iván Restrepo lamentó la falta de disciplina de muchos músicos de hoy, “son artistas Kleenex, desechables, que trascienden con un par de canciones y después son olvidados y sustituidos por otros”.

La sensualidad, la maravillosa voz y la actitud profesional de María le permitieron llamar rápidamente la atención de muchos cineastas; contó con alegría que hacía al principio papeles de villana, y que su hermana la acusó: “¡Mira, mamá, ahí sale tu hija María matando a otra mujer!”. “¡Pero yo no mataba a nadie!” replicaba María llena de risa.

Ismael Rodríguez fue uno de los primeros grandes directores que reparó en el potencial de María. La película Del rancho a la ciudad, es, según Gustavo García, un homenaje a la XEW y a la transición entre el radio y el cine y la televisión. Ahí, María Victoria recordó la ayuda de Carlos Orellana, “él fue quien me enseñó a actuar. Me decía, María, tú eres una actriz, y los personajes tienen que sentir tales cosas, y te tienes que mover de tal modo”.

En el cine, comentó Gustavo García, vieron a María Victoria como “una Cantinflas sexy”, un personaje de comedia, que entretenía al público, y además “lo atraía sumamente, era toda una sex-symbol de su tiempo”. María agradeció a su experiencia en las carpas la facilidad de actuación.

Ella tuvo un gran éxito en el cine. Recontaron, entre Pável Granados y Gustavo García, más de sesenta películas distintas. María comentó, durante la entrevista previa, que existe una película que grabó en Hollywood, con Cantinflas como director, llamada Welcome, María, y que dicho filme nunca pudo estrenarse por problemas de derechos.

También Pável Granados e Iván Restrepo lamentaban la difícil accesibilidad a la música y las películas de María Victoria. “Es una lástima que en la piratería de Venezuela encuentres más recopilaciones de María Victoria que aquí mismo”. “Ahora, que está próxima a concluirse la nueva Cineteca Nacional, debería hacerse un ciclo y una recuperación del archivo fílmico de María Victoria, que se tiene casi olvidado; es sólo cuestión de voluntad, ni siquiera es un problema de dinero”.

Entre la reproducción de “Tengo ganas de un beso”, que le dedicara Agustín Lara a María, “Todavía no me muero”, y el dueto con María Luisa Landín, “Pa’ qué me sirve la vida”, María Victoria y sus interlocutores fueron reconstruyendo un panorama del escenario de la época dorada del cine mexicano. El público la sigue recordando y disfruta mucho sus éxitos, ella no ha pensado en el retiro y quiere seguir “hasta que el cuerpo aguante”.

En la Fonoteca Nacional se planea un próximo homenaje a José Alfredo Jiménez, también en una audición comentada de sus archivos fonográficos rescatados.