Génesis de la traición
Raúl Cremoux
Poco a poco, la triada de López Obrador, Ricardo Monreal y Jesús Zambrano nuevamente nos han ido alimentado la idea que hace seis años tuvo mucha fuerza: se nos dijo en esa fecha que se había fraguado un complot en contra de quien tiene como misión salvar a México.
Ahora la tesis vuelve a cobrar altura. Veamos, primero fue la supuesta compra de votos al través de las tarjetas de la cadena comercial Soriana. A ello se agregó la embestida contra las tarjetas Monex. Con esos dos plásticos, se había torcido la voluntad de cinco millones de votantes el pasado primero de julio. Ninguno de los 900 mil ciudadanos que estaban en las casillas se percató de ello y entre los casi dos millones de representantes de todos los partidos, tampoco vislumbraron que quienes cumplían al mostrar su credencial de elector y dejarse poner tinta indeleble eran dominados por el nerviosismo natural que muestran los seres corrompidos. Todo parecía normal aun cuando cinco millones de almas ya estaban vendidas al igual que lo hacen quienes ofrecen su alma al diablo.
Luego han venido otros descubrimientos como el de Luis Videgaray, quien afirma Monreal, trasladó ocho mil millones de pesos, ¿o fueron 40 mil? a la campaña de Enrique Peña. De nada ha servido que el banco citado como vehículo del delito, el Scotia Bank lo haya desmentido aquí en México y allá en Canadá, sede matriz del Banco. Luego vino el cassete con la voz de un hombre que pide a una voz femenina le confirme el traslado de esos millones, ¿eran de dólares o pesos? No lo sabemos pero da igual. El delito se da con solo mencionarlo, aunque no haya pruebas. Punto.
Más tarde Zambrano acusa al IFE de no haber preparado a fondo a los ciudadanos que voluntariamente estuvieron atendiendo en las casi 135 mil casillas diseminadas en todo el país. El IFE nunca los envió a la universidad ni les pagó cursos especiales en Harvard, por eso no sabían apilar las boletas y mucho menos contarlas. Inmediatamente la culpa también se le ha endilgado a los empresarios y comerciantes, ellos empujaron la balanza como siempre con dinero hediondo. Más tarde Zambrano reculó para decir que no fueron tan malos como inicialmente creían. Pero ahí hay un delito.
Jesús Zambrano, Jesús Ortega y Alejando Encinas, como usted sabe, son especialistas en cochineros. Los tres se enlodaron a fondo durante la campaña interna del PRD en 2007 para ver quien salía electo presidente de ese partido. Ocho meses duró la refriega en lodo de calidad suprema.
La verdad, la mera verdad, es que la culpa radica en los millones de votantes que lo hicieron por Josefina Vázquez Mota, Gabriel Quadri y por Enrique Peña. Su equívoco ha sido monumental, son más de 30 millones que al votar no quisieron salvar al país. Ahí está la génesis de la traición y… seguramente, usted lector, se encuentra entre esos traidores.
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