El fenómeno —excepcional— ocurrió entre el 8 y 12 de julio

René Anaya

Un caluroso día de verano del mes pasado, Son Nghiem, investigador del Laboratorio de Propulsión a Chorro, en Pasadena, California, observó que los datos del satélite indio Oceansat-2, mostraban a la mayor parte de la superficie de Groenlandia cubierta de agua líquida… El hielo había desaparecido.

De los más de dos millones de kilómetros cuadrados de Groenlandia, 80 por ciento de su superficie permanece cubierta de hielo, inclusive en el verano. Pero el 12 julio, según datos satelitales, se había fundido 97 por ciento del hielo que normalmente cubre la superficie de la segunda isla más grande del planeta.

 

La blanca tierra verde

“Esto era tan extraordinario que al principio cuestioné el resultado: ¿era real o era debido a un error de los datos?”, comentó posteriormente el investigador Nghiem, quien para corroborar su información se puso en contacto con Dorothy Hall, investigadora del Centro de Vuelo Goddard de la NASA (Administración Estadounidense de Aeronáutica y del Espacio), en Maryland. La investigadora confirmó que Groenlandia estaba registrando temperaturas excepcionalmente elevadas y que en su superficie se estaba fundiendo el hielo.

La isla, con una extensión de 2 166 086 kilómetros cuadrados, por primera vez desde 1889 sufrió un deshielo muy importante de su superficie, que en términos generales es totalmente blanca, a pesar de que su nombre danés (Grønland) significa “tierra verde”. Esa denominación se la dio en 892 su descubridor, el explorador vikingo Erik el rojo.

En realidad, se trata de una enorme isla, la más grande después de Australia, de la que cerca de 80 por ciento (1 755 637 kilómetros cuadrados) de su superficie permanece cubierta de hielo, por lo que se considera la segunda reserva de hielo del planeta, solamente superada por la Antártida.

El volumen de hielo de Groenlandia es de 2 850 000 kilómetros cúbicos, que si se derritiera permanentemente podría elevar el nivel del mar hasta siete metros. Esta enorme masa de hielo pesa tanto que ha hundido su plataforma continental hasta 300 metros por debajo del nivel del mar, lo que significa que si se llegara a fundir todo el hielo, la tierra firme emergería.

Pero ese desastre todavía está muy lejos de ocurrir, pues se trató de un fenómeno excepcional que ocurrió en cinco días, del 8 al 12 de julio. El 8 de julio, según datos de un satélite militar estadounidense, 60 por ciento de la superficie estaba cubierta de hielo, como habitualmente sucede en verano, pero cinco días después, el 12 de julio, solamente quedaba tres por ciento sin fundir.

Una explicación de este fenómeno, según algunos especialistas, es que el aire sobre Groenlandia se calentó porque un exceso de gas metano retuvo calor- Ese exceso de gas, se considera, se debió al deshielo de las tundras canadiense y siberiana y al dióxido de carbono (CO2) procedente de la quema de combustibles fósiles.

¿Un hecho aislado?

Este insólito acontecimiento ha sido calificado por la NASA como “un episodio de fusión extrema”, que afortunadamente ya ha terminado, pues según los investigadores la mayor parte del agua de Groenlandia ya está volviendo a congelarse.

Por supuesto que este episodio excepcional ha servido para que legos en la materia señalen que es un anuncio de lo que nos espera por el calentamiento global y que se deberían extremar las medidas para disminuir la emisión de gases de efecto invernadero; asimismo, han aprovechado para acarrear agua o hielo a su molino, con la intención de evitar que países en desarrollo continúen su proceso de industrialización, como Brasil, Rusia, India y China.

Sin embargo, la mayoría de los expertos en cambio climático han sido cautelosos, como el profesor Eric Wolf, de la entidad gubernamental Investigación Británica de la Antártida, quien ha referido: “Si bien es muy inusual [este episodio], no podemos atribuir ningún acontecimiento extremo al cambio climático. Hemos de esperar y ver si ocurren más eventos de este tipo en los próximos días para entender su significado tanto para el clima como para la capa de hielo”.

Por su parte, el investigador español José Manuel Moreno, miembro del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), ha señalado: “Habrá que esperar a septiembre, cuando se analice el hielo que ha quedado, para saber qué parte de lo que se ha derretido ha acabado en el océano y qué cantidad se ha vuelto a congelar”.

Por lo pronto, podría pensarse que este fenómeno es cíclico, pues se tienen datos que confirman que cada 150 años ocurre algo semejante, así que probablemente la desaparición del hielo fue temporal. Por esa razón, esperemos que todavía falten muchos años para que a los niños de las futuras generaciones les suceda lo que relata Gabriel García Márquez en Cien años de soledad, sobre el coronel Aureliano Buendía, quien recordó “aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.

reneanayas@yahoo.com.mx