Camino al 2018
Carlos E. Urdiales Villaseñor
Hay quienes desde el PRI miran reflexivamente al tabasqueño y concluyen parcialmente que él no tiene otro proyecto de vida que no sea la política, la batalla electoral, el conflicto poselectoral y vuelta al principio. Andrés Manuel no tiene otro interés vital que no sea la política. Si se va a La Chingada, la finca que sus padres le heredaron, se muere.
A más tardar el 6 de septiembre, según el artículo 99 constitucional, las impugnaciones que se presenten sobre la elección de presidente de la república serán resueltas en única instancia por la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Esta realizará el cómputo final de la elección, y una vez resueltas, en su caso, las impugnaciones que se hubiesen interpuesto sobre la misma, procederá a formular la declaración de validez de la elección y la de presidente electo del candidato que hubiese obtenido el mayor número de votos.
La Sala Superior no es un órgano judicial de mera legalidad y por ende su actuación no es equiparable a la de otros tribunales de menor jerarquía; se trata de un verdadero tribunal constitucional, cuyo cometido básico es garantizar a los ciudadanos que la elección del titular del Ejecutivo federal satisface todas y cada una de las condiciones, cualitativas y cuantitativas.
La comunicación que produce el Partido del Trabajo, en tanto defensa del voto que contra la imposición de Enrique Peña Nieto se construye con la diáfana imperfección que da la falta de rigor y el exceso de convicción —“hay pruebas suficientes para invalidar la elección presidencial”— o exactamente lo contrario, no hay pruebas ni contundentes ni válidas, pero eso ya lo sabemos todos, no importa. La calificación de la elección será descalificada con el guión preexistente a los propios comicios. No habrá reconocimiento alguno de derrota, menos de ajena victoria.
¿Qué va a hacer Andrés Manuel López Obrador y sus seguidores, primeros, segundos y legítimos ciudadanos del pueblo bueno? Seguro que lo primero una gigantesca asamblea informativa en el Zócalo capitalino, una gira por todo el país, y como Cuauhtémoc Cárdenas, o Lula en Brasil ir por una tercera candidatura en el 2018. Al tiempo si no. Claro que para eso falta resolver varios enigmas nada menores. Marcelo Ebrard ya lo dejó pasar, Miguel Mancera poco le debe y querrá su chance, más los que aparezcan.
Quizá por aclamación y por un poquito de iniciativa, el líder del Movimiento Progresista encabece un operativo, más local que nacional, que tenga por finalidad impedir la toma de posesión de Felipe… digo de Enrique Peña Nieto el 1 de diciembre. Puyas y llamados a Televisa y los medios en general, descrédito por buen rato a las encuestas electorales, redes sociales claramente cargadas a la izquierda, con la obviedad de mayor alcance y cobertura de la mano con mayor instrucción y educación.
Lo que veremos en las próximas semanas puede irse narrando desde ya. Y sin duda que López Obrador ha comenzado a arrimar su historia personal a las leyendas mexicana y carioca. Andrés va por tres.
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