Enrique Aguilar R.

Hace varios años Konrad Ratz vino desde Viena a nuestro país a tratar algunos asuntos económicos. Como además del grado de doctor en economía es traductor al español, este funcionario que luego se convirtió en historiador habla, lee y escribe en nuestro idioma. En una librería descubrió un libro en el que se relataba cómo había sido el proceso que se le siguió en Querétaro a Maximiliano antes de fusilarlo. Ratz se quedó sorprendido con ese volumen porque en Austria sólo se sabía que a Max “lo habían asesinado en México”, pero no que hubiera tenido un juicio. A partir de ese libro comenzó a investigar todo lo referente al Segundo Imperio Mexi­ca­no, y en particular sobre la vida del Habsburgo que tuvo la mala idea de venir a tratar de instaurarse como emperador entre nosotros.

El resultado más reciente de las investigaciones de Ratz se titula El ocaso del imperio de Maximiliano visto por un diplomático prusiano. Los informes de Anton von Magnus a Otto von Bismarck 1866-1867, presentado por Siglo XXI a principios de este año. En este volumen aparecen las cartas que el embajador alemán, hacia el final de la guerra de la intervención francesa en México, le envió al “Ministro de hierro” a fin de mantenerlo al tanto respecto del estado —desastroso por lo demás— que guardaba para esas fechas el “imperio mexicano”, como sobre la forma de actuar del ejército francés y sus principales dirigentes, tema que a los prusianos les interesaba mucho, y también sobre la forma de actuar de los diplomáticos belgas, austriacos y norteamericanos, así como sobre las posibilidades, muy remotas, que tenía de sobrevivir Maximiliano junto con su endeble gobierno.

Cabe recordar que por esos años los prusianos estaban interesados en unir a los diferentes estados germanos, alianza a la que se oponían tanto los franceses como los austriacos con los que finalmente se enfrentaron militarmente los que luego quedaron unificados como alemanes. Lo que pasaba en México les servía para conocer cómo actuaban en los planos político y militar sus futuros adversarios.

De estos informes de Magnus a Bismack sólo se habían publicado hasta ahora algunos extractos en alemán, pero es la primera vez que salen a la luz de manera amplia y en español, luego de haber estado guardados en el Archivo Secreto del Estado, en Berlín. Para que esto sucediera sirvió que Konrad Ratz es uno de los pocos austriacos que aún saben leer la escritura gótica, que es en la que están redactados estos informes. La traducción al español la hizo su hijo, el poeta Wolfgang Ratz.

El asunto de que aquí se diga que éste es “el ocaso del Segundo Imperio en primera fila” tiene que ver con el hecho de que la mayoría de los textos que redactó Magnus se refieren a las actividades que él realizó ante Juárez y Lerdo de Tejada, una vez que Maximiliano lo mandó llamar para que lo auxiliara en el proceso que se le siguió en Querétaro.

En estos informes, además de dejarse ver los ceremoniales, el análisis de las acciones de los diferentes actores políticos, económicos y diplomáticos que actuaban dentro y en torno del Segundo Imperio, también se puede conocer la forma de pensar y actuar de un diplomático sometido a la presión de tener que actuar en circunstancias extremas como fue el caso de Magnus, una vez que se inició el juicio que llevaría al paredón a Max, junto con Miramón y Mejía.

El intento de Napoleón III por recuperar la influencia de Francia en el continente americano, la oposición de Estados Unidos para que eso sucediera, la lucha de los liberales encabezados por Juárez para expulsar de nuestro territorio a franceses, austriacos y belgas, más las acciones de los europeos, así como de los dirigentes de la Iglesia Católica, por conservar sus privilegios, todo eso formó un enorme y complicado ajedrez diplomático, político y militar que ahora le queda un poco más claro a quien se adentra en esa maraña de intereses de la mano de Antón von Magnus y Konrad Ratz.