Violencia sin rubor
Raúl Cremoux
Al INEGI hay que temerle. Cada vez que nos proporciona datos, nos lleva al tembladero. Si se trata de educación, vemos que los iletrados han aumentado hasta alcanzar más de seis millones. Cuando ofrece cifras sobre lo que importamos en frijol, maíz, carne de cerdo y verdolagas, nos sabemos incapaces de producir nuestros propios alimentos. Y si se refiere al petróleo, constatamos que, invariablemente vendemos barato el crudo e importamos hasta más de la mitad de lo que consumimos, una gasolina en constante aumento de precio.
Pues bien, ahora el INEGI nos habla del número de muertos por violencia. El registro indica que en el 2009 los muertos llegaron a 19 mil 803, una barbaridad. Pero un año más tarde, los datos aumentaron: 25 mil 757 y lo casi inaudito: para 2011 los homicidios subieron hasta 27 mil 199.
La suma de los últimos tres años es aterradora: 72 mil 759 muertos por violencia. Ahí están los que fueron sicarios, soldados, policías, paisanos que pasaban, asaltos, robos a mano armada, acuchillados, decapitados, lanzados al precipicio. Cuerpos que amontonados en tan solo tres de los seis años del calderonismo, forman una montaña.
La violencia en todo su esplendor, fruto de mil componentes que los sociólogos y los antropólogos del futuro reseñarán y al hacerlo encontrarán las raíces y el crecimiento de un país bárbaro disfrazado de “incipiente democracia”.
El nuestro desde siempre ha sido un territorio violento. Los sacrificios aztecas y mayas brindan testimonios elocuentes. Y desde ese arranque, pasamos por la Colonia, la Reforma y la Revolución para decirlo en forma sintética. Ahora con la tecnología aplicada a las armas y perfeccionada por las enseñanzas del cine y la televisión, la violencia se multiplica auspiciada por una impunidad garantizada. Es más fácil asesinar sin riesgo de estar ante los jueces que adquirir un auto usado. Esto segundo tiene complicaciones mayores.
El sexenio panista que está por concluir será recordado por diversos asuntos, el más destacado, sin duda, será el de la violencia sin rubor.
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