Juan Antonio Rosado

Es loable la labor de rescate de textos literarios poco conocidos o muy viejos que han emprendido instituciones dedicadas a la difusión del arte. Investigadores como Luis Mario Schneider, José Luis Martínez, Xorge del Campo (de forma independiente) y otros muchos rescataron obras ya olvidadas o llamaron la atención sobre ellas. En este sentido, la colección Al siglo xix, ida y regreso, dirigida por Vicente Quirarte, ha puesto la mirada sobre el arte literario decimonónico mexicano y lo ha dado a la luz pública en bellas, elegantes ediciones. Entre los títulos de esta colección destaco Simplezas y otros cuentos…, por ser su autora una mujer que vivió en un tiempo en que las mujeres en México (y en muchos otros países) casi carecían de voz. Me refiero a Laura Méndez de Cuenca (1853-1928). El investigador Roberto Sánchez Sánchez —con el apoyo referencial de sus antecesores, como Pablo Mora o Ana Rosa Domenella, para sólo citar a dos— se entregó a la tarea de realizar una edición crítica y un esclarecedor estudio preliminar de los cuentos de esta escritora.

Dos de las máximas virtudes de los cuentos de Méndez —autora también de la novela El espejo de Amarilis— son la brevedad y la plasticidad en sus descripciones, así como el distanciamiento del romanticismo en muchos de ellos. En “Catalepsia”, cuyo narrador protagonista es hombre, la escritora se permite una autoironía que me parece, literariamente, muy actual: “pensé en las consecuencias que [la catalepsia] pudiera originar: la inmediata, ser enterrado vivo, entregarme a los gusanos de la fosa sin que el ‘manjar’ estuviera aún en sazón”. Cuando la esposa y el médico concluyen que el personaje está muerto, la palabra “ciencia” le parece a este último un sarcasmo. La suegra se atreve a decir: “¿Quieren que le vistamos de ceremonia para que le respeten los gusanos?”. El final es sorpresivo (me parecería de pésimo gusto parafrasearlo). Este es sólo un ejemplo de entre los cuarenta y cuatro cuentos incluidos, de los que, asimismo, se nos proporcionan las variantes. Otro texto que me llamó la atención fue “El cinematógrafo” (publicado originalmente en 1908), tal vez el primer cuento (no crónica) que trata sobre este gran invento. En “Trabajar para sí”, Laura Méndez le da la vuelta a la leyenda de Don Juan.

El ambiente intimista es recurrente, al igual que algunos temas universales: el amor, la muerte, la soledad, pero también la enfermedad, la guerra, el circo, los viajes… La delicada, concisa, perfecta prosa de Méndez merece ser leída y estudiada. ¿Y qué mejor que con el apoyo de esta edición crítica?

Laura Méndez de Cuenca, Simplezas y otros cuentos… Edición crítica, estudio preliminar, notas e índices de Roberto Sánchez Sánchez. UNAM (Colección Al siglo xix, ida y regreso), México, 475 pp.