Chapoteando en sangre

Humberto Musacchio

Alarmantes, por calificarlas de algún modo, son las cifras que dio a conocer Felipe Calderón sobre las víctimas de accidentes de tránsito, las que, dijo, sitúan a México “entre los peores” países en materia de seguridad vial, pues son 16 mil las muertes que producen anualmente los siniestros automovilísticos, ascienden a un millón las personas que resultan con lesiones y a 40 mil las que sufren discapacitación permanente, además de que los daños materiales suman 150 mil millones de pesos.

Como suele suceder en Mexiquito, quien denuncia tal situación es precisamente el hombre que en los últimos seis años ha sido en principal responsable de lo que ocurre en el territorio nacional.

Pero la incongruencia no para ahí, pues se echará a andar una campaña de seguridad vial en la que Checo Pérez y otros pilotos de carreras impartirán conferencias en universidades, donde seguramente enseñarán cómo tomar una curva a 200 kilómetros por hora.

Otras cifras que dan escalofrío las aportó el lunes 20 el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, la agencia que lleva los números oficiales, según la cual en los últimos cinco años se han producido 95 mil asesinatos a lo largo y ancho de la nación, de los cuales 27 mil ocurrieron en 2011, información que choca con la que han dado a conocer diversas dependencias del Ejecutivo federal, como el Cisen, para el que fueron menos de 12 mil las muertes dolosas del año pasado.

A la cifra de 95 mil muertos en cinco años, la verdadera, hay que agregar, una vez que se den a conocer, las de lisiados, lesionados, huérfanos y viudas que ha dejado este sexenio. Para mayor abundamiento, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en una de las paletadas de cal que da de vez en cuando, acordó que se considere como víctimas a los familiares de los asesinados, con todos los derechos para litigar, lo que obligará a que se diriman en el fuero civil y no en el militar los juicios contra miembros de las fuerzas armadas que hayan privado de la vida a civiles.

Con el país chapoteando en sangre, suena a ofensa que Calderón informe con todo desparpajo de un supuesto atentado en su contra que frustraron sus cuidadores. Para decenas de miles de familias mexicanas debió sonar a burla que el hombre más protegido de México se dijera objeto de un agresión, así haya sido en grado de tentativa. Pero no debería extrañarnos en un sexenio sin brújula y sin conciencia de la realidad, cuando a falta de políticas eficaces de seguridad lo que hay es ineptitud e improvisación. Por fortuna, faltan cien días para que termine la pesadilla.