Ricardo Muñoz Munguía
(Segunda y última parte)
En medio de la aparición de esta doble entrega nos enteramos del fallecimiento de Neil Armstrong, el primer hombre que pisó sobre la luna; hecho que marcó en buena medida la generación de los nacidos en los sesenta, tanto a los de Estados Unidos como a los de todo el orbe. Ello se comprueba en Lo escrito mañana. Narradores mexicanos nacidos en los sesenta, que compiló Sandra Lorenzano. Por supuesto, el Movimiento del 68 cobra la primera atención de los autores mexicanos, sin dejar de lado la aparición de la minifalda, la píldora anticonceptiva, la música del sex, drugs and rock and roll, los hippies, el asesinato del Che Guevara, las series de televisión, la familia tradicional…
De estas marcas que transformaban al México de entonces dejamos pendientes por mencionar a diez escritores que agrupan el volumen Lo escrito mañana: Nubia Macías da flashazos de lo que se presentaba en su infancia: la música, la literatura y los cambios que se daban pero, sobre todo, su ensayo le resultó “liberador. Como dice Oscar Wilde: ‘una mujer que confiesa su edad, es capaz de cualquier cosa’”. Mónica Maristain atrapa, o se deja atrapar, por la música; así, desde su Tacuarentown enmarca, o sintoniza, su atención musical. Laura Emilia Pacheco rememora su infancia vivida con su abuela paterna Carmen Berny de Pacheco, quien, a través de un cuento, le abría el interés por la literatura y el sentido del amor mas todo se va: “la casa desapareció con sus irrecuperables pertenencias”. Ignacio Padilla prende las lámparas sobre el crack, la generación que sabemos él pertenece, para iluminar hacia otros grupos literarios que “son irónicamente los mismos que otrora se esgrimieron para desahuciar a la generación en la que surgen”. Eduardo Antonio Parra, con su excelente narrativa, expone la mirada infantil, y desde la provincia, sobre el sangriento 68 para, apoyado en lecturas y opiniones, enfrentar de algún modo al padre quien termina por replantar su opinión sobre el trágico Tlatelolco. Ricardo Pohlenz, sin más, abunda en que “la película en que he vivido toda mi vida existe por sí misma”. Cristina Rivera Garza apunta desde los viajes de su infancia, que son trayectos “de palabras”, son “desaparecer”, son los que deben quedar atrás. Enzia Verduchi se para debajo de la cascada de acontecimientos de su década y de lo que más adelante acontece para “Al igual que Ben Braddock, escuché mi propia respiración y observé alrededor el mundo”. Jorge Volpi, nacido en el 68, se centra en aquél Movimiento, y me hizo recordar la presentación de su libro sobre el mismo tema que hiciera en San Ángel en 1998 con Christopher Domínguez, y donde dijo: “los que nacimos en ese año, tenemos una deuda con el Movimiento del 68”, y él ha cumplido con plenitud a través de su labor. Finalmente, Gabriela Warkentin desdeña por el vacío de liderazgos y crisis en nuestro país, y lo hace no sólo a su generación “sándwich”, pues también ve hacia atrás y hacia adelante para cerrar con el descalabro hacia todos: “Yo temo que nuestra conciencia no sirva de nada, salvo que decidamos todavía imaginar que otro México, por ejemplo, es posible”.
Lo escrito mañana revalora, y en varios casos descubre, la década que fue parteaguas en muchísimos sentidos, la de los sesenta, la que abrió venas de liberación, la que deja bastantes marcas de sangre en nuestro temido México.
Lo escrito mañana. Narradores mexicanos nacidos en los sesenta (Coordinadora: Sandra Lorenzano), Colofón / Universidad del Claustro de Sor Juana (axial), México, 124 pp.
