Calderón, Padrés y el Acueducto Independencia

Manuel Espino

En los últimos años, la sociedad de Sonora ha estado en vilo mientras aumentan las probabilidades de un conflicto de gran envergadura, provocado por el empecinamiento gubernamental de seguir adelante con las obras del Acueducto Independencia.

Siguiendo los desplantes autoritarios que han marcado a Felipe Calderón durante su repudiada presidencia, Guillermo Padrés ha instrumentado en territorio sonorense esta obra faraónica, desacatando resoluciones legales y contraponiéndose al Congreso de la Unión y a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

Emulando no sólo a Calderón, sino también aquél episodio en el que Andrés Manuel López Obrador desobedeció resoluciones expresas de tribunales federales y siguió adelante con las obras del predio El Encino, Padrés se ha salido de las fronteras del Estado de derecho.

Esta actitud ha llevado a históricos líderes del noroeste de México a cuestionar públicamente a Calderón, aun cuando algunos son panistas, afirmando en un comunicado conjunto que “lo que no podrá ocultarse en la historia de México es que el gobernador de Sonora, Guillermo Padrés Elías, desacató varias resoluciones judiciales con el apoyo y aplauso de usted, señor presidente… podemos calificar como insensato el apoyo que usted le está dando”.

Incluso la Comisión Permanente del Congreso de la Unión dictó puntos de acuerdo en los cuales se conmina a Padrés a “acatar las resoluciones del Poder Judicial de la Federación y, en consecuencia, obedecer la orden de suspensión de la obra del Acueducto Independencia que le ha sido dictada en más de una ocasión y someterse al estado de derecho”.

La propia Comisión Nacional de los Derechos Humanos ha manifestado que se opone a que con esta obra “se genere en la sociedad sonorense un estado de incertidumbre y tensión… propiciando con ello la posibilidad de que se geste un conflicto social”.

Mal, muy mal estamos, cuando a un gobernador dos instituciones nacionales le tienen que pedir algo tan evidente como que cumpla la ley.

Además se debe actuar con la máxima cautela ante las advertencias hechas por los pueblos yaquis, quienes serían despojados del agua en caso de consumarse el acueducto. Líderes de esta etnia famosa por su espíritu libertario y guerrero han advertido que, de llegar el agua hasta Hermosillo, llegará mezclada con su sangre.

Es entendible que, desde su cosmogonía, se justifique tomar el asunto en sus propias manos siendo que el entramado institucional ha sido burlado una y otra vez por las administraciones estatal y federal, ambas panistas, en contraste con la historia de Acción Nacional, que hasta antes del 2006 siempre tuvo gobernantes que se distinguían por su respeto a la ley y las instituciones del Estado.

Echando leña al fuego de la confrontación social, el presidente ha declarado que antes de terminar su mandato volverá a Hermosillo a inaugurar el Acueducto Independencia, con esa conducta porfiada que lo caracteriza.

Padrés, por supuesto, aún tiene la oportunidad de evitar un conflicto y actuar legalmente, pues de seguir emulando las prácticas de Calderón terminará igual que él: herendando el gobierno a otro partido y repudiado por su pueblo.

 

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