Javier Sicilia y Patricia Gutiérrez-Otero
Queremos hablar de este libro autobiográfico, publicado por la editoral Orballo, señalando tres aspectos de lo que caracteriza al ser humano que se desprenden de su lectura, que, como señala Alfonso López Quintas en el prólogo, “se lee de un tirón” tanto por la frescura de su estilo como por los hechos conmovedores que relata. Estos tres aspectos son la inmensa fragilidad de nuestro ser corporal, la belleza de la solidaridad humana y la fuerza de lo que el autor llama el “espíritu”.
Primero. Un segundo, un no pensar, un arranque juguetón, una audacia bastaron para que el cuerpo sano de Gabriel tuviera un antes y un después al perder la capacidad de moverse. Un sistema que funcionaba perfectamente dejó de hacerlo. La ruptura de las vértebras cervicales, el machacamiento de la médula condujeron a la inevitable cuadriplejia.
En el libro, Gabriel escribe estando aún en el hospital cuando se da cuenta de que su inmovilidad no es una pesadilla: “La sensación de rabia derivada de la impotencia para solucionar este problema es capaz de carcomer hasta las entrañas el estado de ánimo más positivo. No hay antídoto contra la frustración que te provoca el sentimiento negativo dirigido hacia tu propia estupidez, cuando comienzas a entender que fuiste capaz de prevenir y, por consecuencia, de evitar esta situación”. Segundo.
El amor, el compromiso y la solidaridad de su familia política, de sus amigos y amigas, y, sobre todo, la de Bombón, su mujer, Ivonne Palmeros Camacho. Ante los sombríos pronósticos de los médicos sobre la vida de un cuadripléjico y su familia, la reacción de ella fue profundamente amorosa, generosa y valiente. No hubo dudas. Hubo entrega en ese momento y durante todos estos años, incluso cuando la situación económica era más difícil. Los otros. Si Gabriel no recibió el apoyo de su padre viudo, recibió con creces el apoyo de sus maravillosos suegros, don Francisco Palmeros Nogueira y la doctora Ana María Camacho Galván, que en paz descanse, quienes recibieron a la familia en su casa durante dos años. De su exmujer, de exsuegra, de sus hijos. Y de tantos amigos que le hicieron más llevadera su situación. Tercero. La fuerza única del espíritu. Hay una fuerza en el ser humano que puede activarse, que podemos llamar espíritu, voluntad, chispa divina, o de cualquier otro modo. Gabriel la encontró y pudo escribir, varios años después de vivir en su cuerpo cuadripléjico: “Después de todo, en ningún lugar está escrito que la discapacidad te inutiliza, muy al contrario, si estás alerta, siempre hay una oportunidad para ti”. Y también, “la naturaleza […] nos dotó de un recurso poderoso llamado “espíritu”, espada implacable que, sabiéndola usar, sirve para más cosas de las que uno piensa”.
Lleno de sabiduría y buen humor es este libro que vale la pena leerse, releerse, regalarse. Está lleno de buena vibra, como dicen los chavos. Repetimos, no es un libro dolorista: dice de manera amena y alegre que el ser humano está más allá de las contrariedades que puede sufrir su frágil cuerpo, y que habla del hecho más importante en nuestras vidas: el amor a los otros y de los otros, y del Espíritu que nos humaniza plenamente.
Además, opinamos que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés Larráinzar, a los pueblos autónomos, salvar los lugares comunes en las ciudades, evitar los monopolios, reconocer las autonomías, detener el fraude con todas las fuerzas de la sociedad civil, boicotear a Televisa y a Soriana.
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