Por Gerardo Yong / Sylvie Thomas

Las zonas polares son consideradas como sistemas geográficos que aportan una gran cantidad de conocimientos sobre la regulación climática del planeta. Se dice que tanto en el Polo Norte como en la Antártida se encuentra más del 90% del agua en forma de glaciares. Son como el termómetro mundial que funciona perdiendo masas glaciares en verano y recuperándola en invierno; este proceso es el que brinda la estabilidad ambiental a nuestro mundo y es, por ello, absolutamente importante no sólo desarrollar estudios polares, sino mantener una presencia científica permanente en esos remotos lugares. En la actualidad más de 40 países poseen bases de investigación científica, principalmente climática y reconocimiento militar. Las más destacadas pertenecen a países pioneros en los descubrimientos geográficos como Estados Unidos, Rusia, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Italia, España y Noruega.  Otros que también han visto la importancia de mantener su permanencia estratégica son Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica, estos tres últimos debido a que se ubican en torno a las latitudes antárticas. Entre las naciones latinoamericanas, se encuentran Brasil, Argentina, Chile, Ecuador, Venezuela y Uruguay. China, aunque distante de la zona antártica, ha construido tres bases en ese territorio.

El caso de Francia

Las islas francesas australes y de la Antártida están aisladas, gélidas y muy alejadas de la metrópoli, pero no por ello dejan de ser un paraíso para los investigadores. Unos barcos extraordinarios, como el Marion Dufresne o el Astrolabe, las conectan con el resto del mundo. Si llegar hasta allí ya es una auténtica expedición, quedarse una temporada es una aventura inigualable. A pesar de ser poco conocidas, estas islas del fin del mundo forman parte del territorio francés: componen los Territorios Australes Franceses (TF).

El buque más grande del mundo

Al sur de la isla de la Reunión, las islas australes forman tres archipiélagos: Crozet, Ámsterdam y Saint-Paul, y Kerguelen. Una peculiar embarcación les garantiza el avituallamiento. El Marion Dufresne es el buque oceánico más grande del mundo. Paquebote, carguero y petrolero a la vez, transporta tanto al personal de las bases y a los visitantes como los contenedores. Asimismo, abastece del carburante especialmente necesario para garantizar el suministro de electricidad de las estaciones permanentes. También dispone de un helicóptero y de laboratorios de investigación, que se distribuyen por una superficie de aproximadamente 650 m2.

Investigaciones
franco-antárticas

En las islas de los Territorios Australes Franceses, los científicos llevan a cabo importantes investigaciones sobre la biodiversidad, la climatología y la meteorología. Alain Lesquer, del instituto Paul Emile Victor, destaca el estudio de la evolución de las aves polares como un factor que permite conocer la evolución de los recursos biológicos y el estado del océano en función de los cambios climáticos. Alain Lesquer añade: «Se dota de sensores a las aves y a los animales marinos y se instalan balizas en el fondo del mar, lo que permite realizar constantes análisis de aquellos lugares donde los barcos no pueden llegar. En cuanto a la atmósfera, estas regiones libres de toda contaminación constituyen un punto cero a partir del cual podemos analizar la evolución del índice de CO2, como hace la estación de Ámsterdam».

Otras investigaciones francesas dirigidas por cuatro científicos del Laboratorio de Planetología y Geodinámica de Nantes recopilan muestras de rocas para observar la frecuencia de las erupciones a lo largo del tiempo y de probar la hipótesis de la existencia de una correlación entre el calentamiento climático y el incremento de la actividad volcánica. Estos investigadores tienen programada una segunda misión para 2013.

Nueva base franco-italiana

Recientemente se ha instalado la base Concordia. Esta estación, proyectada por Francia e Italia en 1993 pero con vocación europeísta, pretende facilitar a la comunidad científica internacional la puesta en marcha de programas de investigación y observación únicos en numerosos ámbitos, especialmente la atmósfera superior, el calentamiento de la Tierra y la capa de ozono. La primera hibernación de un equipo franco-italiano tuvo lugar en 2005.

La presencia francesa en estos territorios, así como los experimentos llevados a cabo en los ámbitos determinantes para el futuro del planeta, sitúan a Francia en una posición privilegiada dentro de la escena científica de las regiones antárticas y subantárticas.

México, en el congelamiento científico

México, que se considera uno de los países más importantes de Latinoamérica, ni siquiera ha contemplado la posibilidad de unirse al circuito de la investigación antártica. Recientemente, una comisión de investigadores mexicanos se integró a otra de uruguayos en un proyecto de para desarrollar el estudio de tapices bacterianos que inciden en el cambio climático. Países como la India y Pakistán han comprendido con mayor acierto que mantener una base operativa permite estar dentro de la mayor comunidad científica activa, y no sólo participando en misiones de cooperación dependiendo de las capacidades de quienes han tenido la visión de la tecnología glacial, la cual ha permitido la construcción de satélites de monitoreo climático, el desarrollo de una industria naval para propósitos glaciares, así como de una aeronáutica polar, estudios anatómicos de resistencia ambiental, etcétera. (Con información de las embajadas de Francia, China, India y Uruguay en México)