Un sol en el ocaso y otro en el amanecer
Carlos E. Urdiales Villaseñor
Primera pista. El mensaje con motivo del sexto y último Informe de gobierno del presidente Felipe Calderón. Aparte de lo informado, desde su punto de vista, de lo que es y ha sido su gobierno, llaman la atención las ausencias y presencias a esta, una de las últimas fechas del jefe del Ejecutivo, le resta la ceremonia del Grito de Independencia y el desfile del 20 de noviembre para decir adiós. Ausencias lógicas como la del presidente electo Enrique Peña Nieto para no robarle reflectores, un sol en el ocaso y otro en el amanecer. Y otras como la de Josefina Vázquez Mota que quizá denoten más esa percepción de quiebre, de cobros de facturas presentes y futuras en el panismo nacional.
Calderón fue fiel a su estilo, y como dicen en el ámbito deportivo sobre estrategias y tácticas, el presidente se muere con la suya, convencido de que o era así o no había futuro. Queda para la posteridad el debate académico y hasta fantasioso de los errores y aciertos de quien como ningún otro mandatario enfrentó primero la ilegitimidad y después la impericia, sumadas ambas al infortunio, mal fario y demás graves episodios de este país en los últimos seis años.
Segunda pista. El anuncio del presidente electo Enrique Peña Nieto de los integrantes de su equipo de transición, un día después del mensaje de Calderón. Atrapa la atención por luz propia y abre de par en par para el deporte nacional por excelencia que es la especulación. Ya dijo el propio Peña Nieto que no son los integrantes del próximo gabinete, pero hace falta mucho más que esa acotación para detener los afanes adivinatorios de una sociedad ávida de saber o de creer saber.
Los nombres de Luis Videgaray, Miguel Osorio, David López y Aurelio Nuño se repiten. Se revelan los de Rosario Robles, Claudia Ruiz, Paloma Sebastián Guillén, Emilio Lozoya, Enrique de la Madrid Cordero. Se anticipan por las responsabilidades que tienen, las que podrían llegar a tener. Lo cierto, nos dicen, es que esta etapa también mide para el futuro presidente los alcances reales de sus cercanos. Las apuestas y quinielas quedan formalmente abiertas para saber quiénes serán los hombres del presidente.
Tercera pista. Los deslindes alrededor de Andrés Manuel López Obrador. El de Marcelo Ebrard llama la atención; cuidadoso, inteligente y claro dice que en lo personal no le gusta la resolución final del Tribunal Electoral pero que, como hombre de poder, no tiene más que respetar la ley, y eso es que asume cabalmente que el único presidente de este país no es López Obrador.
Desde Italia, el jefe de Gobierno se deslinda o comienza a marcar una distancia que quizá nunca más se cierre entre él y su antecesor en el Gobierno de la ciudad de México. Sin senaduría ni diputación de por medio, Ebrard encontró acomodo en un puesto internacional sobre vivienda auspiciado por la ONU que le brindará refugio y ocupación política en el corto plazo.
También en el Congreso comienza pálidamente el corrimiento de posiciones del a veces ultra PT, al a veces moderado PRD, y también con cambios de asientos del Movimiento Ciudadano, también al partido del sol azteca. Llega la hora de la verdad y pasadas las campañas nos damos cuenta, una vez más, de lo relativo de los discursos y promesas. PT y Movimiento Ciudadano empeñaron su futuro a la suerte de Andrés Manuel, y una vez asegurados el registro y las prerrogativas lo demás es lo de menos. La memoria corta y la pirotecnia política harán que pocos se ocupen de señalar esas mentiras consumadas.
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