Propuestas electorales

Humberto Musacchio

Cuando alguien señala que los priistas rebasaron varias veces el tope de financiamiento y compraron votos al por mayor, la respuesta de los tricolores es que los demás también compraron votos. Como al parecer todos los partidos incurrieron en el mismo pecado, aunque el del PRI no fue precisamente venial, cabe hacer algunas propuestas para mejorar nuestro sistema electoral.

La primera propuesta es que ya no se celebren elecciones como hasta ahora, con un costoso padrón, credenciales infalsificables, 15 mil burócratas en la nómina del Instituto Federal Electoral y otra multitud en la del Tribunal Electoral; cien mil casillas en todo el territorio nacional, tinta indeleble para el dedo godo, boletas, lápices para cruzar el emblema del partido favorito y toda la parafernalia comicial.

En lugar de comicios tan complicados y onerosos, lo mejor será elegir a los candidatos como se hace en cualquier pueblo con las reinas de la primavera, que se coronan si sus simpatizantes compraron una mayor cantidad de votos que los adquiridos por los seguidores de otras candidatas. De esta manera los mexicanos obraremos con toda rectitud, sin engaños ni subterfugios, pues en términos estrictamente mercantiles ganará quien más cueste a los electores que dispongan de dinero.

Por supuesto, el que un candidato cueste más que otro no garantiza que valga más que sus contrincantes, pero es lo de menos, pues ahora ya gana el que tiene más dinero y en una sociedad metalizada eso es lo único que importa. Si el numerario proviene de grandes empresarios o del crimen organizado tampoco debe importar, pues en la pasada elección el Tribunal Electoral se negó a pedir a las autoridades respectivas que realizaran una investigación para saber de dónde salió el oro comprador de votos. El IFE dice que está investigando, pero sus resultados los dará a conocer en enero del año próximo y si el PRI es culpable de exceder el gasto o ser financiado con dinero negro bastará con imponerle una multa, y asunto arreglado.

Con el procedimiento que aquí se propone, se regularizaría la compra de votos, que hasta ahora se considera fuera de la ley, pues en una economía capitalista como la de México es legal y legítimo comprar y vender hasta el alma. Así, se concedería una amnistía de hecho a los delincuentes electorales.

Por si fuera poco, la elección estilo reina de la primavera representaría grandes ahorros al país, pues no habría necesidad de costear la existencia del IFE, el Tribunal Electoral y la Fepade, que como se ha visto en las elecciones de 2006 y 2012, cuestan mucho, pero no valen gran cosa.