Un museo que exhibirá sus “logros”

Los hombres se alaban a sí mismos

cuando carecen de amigos que los encomien.

Shakespeare

 

 

José Alfonso Suárez del Real y Aguilera

Guardado como si de un secreto de Estado se tratase, la Secretaría de Seguridad Pública Federal mantuvo oculta a la opinión pública la edificación del museo de esa institución en el cual se llevan invertidos 54.6 millones de pesos, a los que se suman los 200 millones adicionalmente aplicados al restauro del inmueble que lo albergará.

Tan respetable cantidad quedó oculta en la estratosférica cifra de infraestructura destinada a la dependencia que, por instrucciones de Felipe Calderón, la Secretaría de Hacienda programó en el presupuesto destinado a atender las necesidades y caprichos del “policía del presidente”, en cuyas manos se depositó la titularidad de la Secretaría de Seguridad Pública federal y el cuerpo de la Policía Federal, corporación que sustituyó hace tres años a la Policía Federal Preventiva, cuerpo policial gestado por el foxismo a principios de su administración.

A las ya de por sí cuantiosas inversiones en la construcción y habilitación de un cuartel de última generación —que por cierto sirvió de espectacular set a la fallida producción El equipo, telenovela  diseñada por Televisa y exhibida en horario tripe A para posicionar a los muchachos de Genaro García Luna ante las voces críticas en contra de una corporación manchada con la sombra de las dudas ante la inocultable falta de resultados—, se viene a sumar ahora el Museo de la Policía Federal, instalado en los vestigios del emblemático Molino de Belén de las Flores, en donde la novel corporación pondrá a disposición del público sus logros y su historia.

Conociendo la afición al autoelogio del titular de la dependencia y su afición por las puestas en escena, es evidente que dicha instalación es, en el fondo, un espacio que sirva para perpetuar su legado.

En ese contexto, resulta muy preocupante constatar la obsesión por inmortalizar en espacio museístico la memoria de una corporación que carga en sus antecedentes con la recreación —para la televisión— del arresto de Los Zodiacos, y en su presente es exhibida por casos tan vergonzoso como la parodia de El Predicador Terrorista, cuya bomba resultaron ser un par de latas de jugo de fruta, o la intrincada Emboscada de Huitzilac (o de Tres Marías), perpetrada recientemente por los muchachos de García Luna en contra de un vehículo diplomático de Estados Unidos, perfectamente identificable por la placa otorgada por el gobierno mexicano para circular por el país.

Tan grave incidente acredita improvisación, una alarmante ausencia de aplicación de protocolos básicos, lo que da cuenta de un proyecto policiaco fallido que ha costado millones de pesos al pueblo de México.