Rowena Bali
Volví a soñar contigo, soñé que recordaba la noche en que hicimos el amor, una noche que por cierto nunca existió. El sueño consistía en recordar por qué tenía aquella escena sexual tan clara en la memoria. ¿Dónde fue? Había una cama apenas suficiente para dos bajo una ventana, tenía una colcha de terciopelo rojo, era una recámara bastante pobre. No recordé el acto en sí mismo, sólo el suceso acompañado de tres clichés de película romántica, muy vívidos e inconexos; de pronto estamos desnudos y tú tienes mi muslo apretado en tu mano, luego te veo sentado debajo de mí, mirándome a la cara, tu mirada se va a mis pechos y veo tu lengua tocar la punta de mi pezón, luego abres la boca y abarcas con ella una mayor parte de mi teta, luego te veo en la almohada contigua, jadeante y tu rostro refleja una felicidad absoluta.
¿Pero cuándo fue eso? Durante el sueño, mientras yo recordaba aquella escena me preguntaba qué tiempo de mi vida recordaba, incapaz de hacer una conexión con mi presente real. En los sueños uno también recuerda la realidad. Fue cuando ésta adquirió mayor peso en mi mente, que desperté para tener la absoluta certeza de que tú y yo nunca hicimos el amor.
