Ricardo Muñoz Munguía
La cotidianidad impregna sus destellos en el subconsciente. Desde ese sitio hondo de la mente el poeta dicta, estructura un escenario donde el agua corriente es dadora de vida, vida que es río de imágenes apegadas a la razón y a los sueños como jalados por el viento, viento que abre sus manos a lo invisible en la ruta del eco, eco que se siente en la penumbra de la tarde, tarde que también es muerte.
El escritor costarricense, Álvaro Mata Guillé, entrega en su volumen Separata. Breve antología (que ya de por sí haberlo titulado Separata nos indica que pertenece a otros libros) tres fragmentos que son tres poemas. En la conjunción de esas tres partes se deja dibujada la figura que se trata de un ciclo, el que se abre en la conciencia de lo impalpable pero que nos motiva o nos apabulla y cierra su línea en la penumbra de la espera, en el filo de la muerte.
Mata Guillé despliega en la primera parte, Escenas de una tarde, la memoria sobre los deseos, añoranzas que se vuelven tristeza, nostalgia por lo que no tiene modificación; lo ido sepulta sus aguijones en la fe. La segunda sección, Debajo del viento, nuevamente la conciencia, ahora desde los tonos de la reflexión abarca gestos de la naturaleza para, finalmente, caer en el cuestionamiento por la desesperanza. Sobre los fragmentos, tercera y última parte, un torrente de imágenes señalan el pasado y el presente y no dan paso al futuro, es la permanencia de los muertos, la culminación de un ciclo.
Separata es un exacto ejercicio para hurgar en las sensaciones, es meter la mano al fondo de la mente donde bien puede aprehenderse los sueños que los desencantos, la luz que la noche, la fe que la desesperanza, la vida y la muerte. Álvaro Mata Guillé, Separata. Breve antología. Colección editorial Velarde (Cuadernos Amerhispanos), San Luis Potosí, México.
