Antonio Rondón
El encuentro del presidente ruso, Vladimir Putin, y la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, en la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) fue tan breve como escaso el interés por profundizar diferencias bilaterales.
Mucho se habló desde el Kremlin y la Casa Blanca sobre el contenido de la reunión de Clinton y Putin en Vladivostok, a donde la jefa del Departamento
de Estado acudió en representación del mandatario Barack Obama, anfitrión de la anterior cumbre de la APEC.
Pero el resultado fue completamente diferente: después del sincero encuentro de Clinton con su similar ruso, Serguei Lavrov, la esperada cita apenas se extendió por unos 15 minutos en un ambiente completamente informal, poco propicio para analizar el mundo.
En ese formato, como luego reconoció el propio jefe de Estado ruso, se produjo una conversación constructiva, sin que se llegara a ningún acuerdo
concreto, en una afirmación abierta a muchas interpretaciones.
Al menos en la conferencia de prensa final del foro, Putin se limitó a explicar en apenas dos minutos el contenido de su intercambio con la jefa de la diplomacia estadounidense, del cual dejó fuera detalles de la situación política norteamericana.
Las pláticas bilaterales en el campus de la Universidad Federal del Lejano Oriente, construida especialmente para ser sede de la XX cumbre de líderes de las 21 economías de la APEC, en la isla Rusky, ocurrieron luego de interesantes declaraciones de Obama.
Al responder a las acusaciones de su contrincante, el candidato republicano Mitt Romney, quien afirmó que Rusia debía seguir como enemiga número uno de Estados Unidos, el dirigente demócrata defendió la necesidad de mantener buenas relaciones con Moscú.
Las advertencias a Romney de evitar el regreso al pasado de confrontación con Rusia tuvieron un marcado carácter electoral de cara a las presidenciales de noviembre próximo, pero crearon condiciones favorables para la estancia de Clinton en Vladivostok.
A juzgar por declaraciones de la propia secretaria de Estado norteamericana en una conferencia de prensa al término de la referida cumbre, Washington desea reforzar relaciones comerciales con Rusia y reconoce su papel crucial en el Asia-Pacífico.
Sin embargo, las verdaderas diferencias afloraron en el encuentro de Clinton con Lavrov, tras lo cual la representante estadounidense llegó a afirmar que su país rechazaba la aprobación de resoluciones “desdentadas” sobre Siria en el Consejo de Seguridad de la ONU.
De los comentarios de su encuentro con Clinton, expuestos por Lavrov, se infiere que no hubo ningún avance para encontrar posiciones de consenso ni el caso de la crisis siria, ni el diferendo nuclear de Irán.
Aunque Lavrov reconoció que Rusia coincide con Estados Unidos en la necesidad de una Siria “políticamente próspera, donde el pueblo elija a su
dirigentes y se tomen en cuenta todos los grupos étnicos y religiosos”, las grandes diferencias persisten.
El jefe de la diplomacia rusa deploró la amenaza, la presión y las sanciones unilaterales aplicadas por Estados Unidos, como los métodos para buscar una solución en los casos de Siria e Irán.
Más bien, el ministro ruso volvió a reiterar su rechazo a los llamados de Occidente para que la oposición luche “hasta un final victorioso” contra el gobierno del presidente Bashar Al Assad, aunque en ese empeño apoye a grupos terroristas como Al Qaeda.
En su conferencia de prensa, Clinton volvió a constatar el insistencia de Occidente en sacar del poder a Al Assad, al reafirmar la intención de su
país y sus aliados de apoyar a los grupos armados en el derrocamiento del actual gobierno sirio.
Tampoco se avanzó nada en el asunto de Irán. Lavrov apenas reconoció el apego de Rusia a los principios de la no proliferación de armas de destrucción masiva, pero criticó la presión y sanciones estadounidenses contra Teherán.
El diplomático ruso fue enfático al denunciar el cada vez más creciente carácter extraterritorial de las sanciones unilaterales, las cuales, denunció, afectan directamente los intereses rusos, en especial, a sus bancos.
La más reciente ola de restricciones anunciadas por Washington incluye castigos para los bancos que mantengan relaciones comerciales con el Banco Central de Irán o con entidades comerciales de Siria.
En ninguno de los dos casos existen resoluciones de la ONU que prohíban tales prácticas y en el caso de Damasco, ni siquiera se aplican limitaciones para la cooperación en la esfera técnico militar, algo defendido por Rusia como su derecho inalienable.
Al, parecer, y tal como lo había dejado entrever el ayudante presidencial Yuri Ushakov, en las pláticas, tanto de Putin como de Lavrov, quedaron fuera temas polémicos como el despliegue en Europa de elementos del sistema global estadounidense de defensa antimisil.
Las diferencias atañen, incluso, al cumplimiento del Tratado de Limitación y de Armas Estratégicas (START-3), visto por analistas rusos como uno de los pilares de la llamada política de renovación (reset) de los nexos entre el Kremlin y la Casa Blanca.
Medios de prensa locales comentan la brevedad y poca formalidad del encuentro en Vladivostok de Putin y Clinton, quien también evitó posar al lado del mandatario ruso en la foto familiar de líderes de la APEC.
Ello podría significar que en aras de mantener el ambiente de cooperación, intercambio de proyectos económicos y previsiones positivas de la cumbre regional, Putin decidió desechar la polémica, al menos cuando el tema crucial era la gestión empresarial.
Washington y Moscú parecieron evitar por ahora las armas de la discordia, aunque tal “tregua” puede ser tan breve, como corta lo fue la relación de Putin y Clinton en la cumbre de la APEC.
