Legalidad discrecional
Carlo Pizano
Marcelo Luis Ebrard Casaubón fue un jefe de Gobierno que conocía la ciudad de México. Con la experiencia de haber sido responsable de la gobernabilidad del Departamento del Distrito Federal, siendo regente Manuel Camacho, y como secretario de Seguridad Pública con Andrés Manuel López Obrador, no tenía pretextos de ignorancia de la realidad capitalina.
Su administración avanzó en la recuperación del espacio público, ahí está el Centro Histórico, la Plaza de la República y el entorno de la Basílica de Guadalupe (todas estas recuperaciones gracias a recursos del gobierno federal, al que no reconocía al principio).
En materia de movilidad hay claroscuros. Por un lado, se invirtió correctamente en la línea 12 del Metro y en las nuevas líneas del Metrobús, además de la promoción del uso de la bicicleta y al mismo tiempo promovió el uso del transporte privado con la continuación del segundo piso y la Supervía Poniente, en este último caso violando la Ley del Medio Ambiente.
Ebrard presume la agenda de derechos humanos, por casos de moda y de cuestionable pertenencia al tema como las uniones entre personas de tendencia homosexual y el acceso al aborto. Según el portal de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, al 31 de agosto, existen más de 90 recomendaciones no cumplidas por la administración pública del Distrito Federal.
En la misma perspectiva de derechos, la legalidad es discrecional en la ciudad de México gobernada por la izquierda; dos casos: mientras a los opositores a la Supervía Poniente se les envía a los granaderos inmediatamente, a los cínicos del Sindicato Mexicano de Electricistas se les da en comodato particular el zócalo capitalino y lo que se necesite. Esto aplica para todos los aliados corporativos del PRD y de Marcelo.
El debilitamiento de las delegaciones en facultades y presupuesto deriva de una visión centralista del ejercicio del gobierno, lo que representa menor calidad en los servicios más próximos y básicos para el ciudadano: recolección de basura, drenaje, habitabilidad. Hablando de drenaje, la falta de presupuesto de las delegaciones y la ausencia de prioridad en este tema por el sistema de aguas de la ciudad explican que tengamos una red en algunos casos centenaria y contaminando los mantos acuíferos.
Una de las prioridades, además de las obras faraónicas han sido los programas sociales. En este sentido la Universidad Nacional Autónoma de México, a partir de un estudio solicitado por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, señaló que sólo 70 de los 450 programas sociales del Gobierno del Distrito Federal pudieron ser evaluados debido a la falta de reglas de operación y de indicadores de resultados. Con este dato, la izquierda no puede válidamente afirmar que su política social funciona, al menos no en materia de disminución de pobreza.
Finalmente, el talante democrático y de diálogo de Ebrard me genera dudas: al menos puedo afirmar que durante los tres años que estuve como legislador, jamás se interesó en conocer lo que la oposición pensaba o proponía.
