Calidad de vida en el DF
Raúl Cremoux
Cuando se trata de dar a conocer los resultados positivos del gobierno de la ciudad de México, los analistas enumeran diferentes aspectos en los que, a los derechos humanos básicos, se añaden las obras físicas.
Si bien todo lo mesurable nos da ideas sobre el empeño y los resultados de una administración, ni remotamente se mencionan aquellos aspectos que son los que representan la calidad de vida. Sin que sea exhaustivo veamos:
A nadie parecen molestarle las telarañas de cables que pueblan el cielo de la gran ciudad. Están en todas partes; no hay zona que se salve. Cables que, cargados de polvo, a la primera lluvia de mayo producen cargas negativas y se inician los constantes cortes de energía y hasta los grandes apagones.
Construir mercados, jardines y espacios públicos no es prioritario para nadie sin darse cuenta de que, en las más bellas capitales del mundo, son del mayor interés ciudadano. Tómese como ejemplo la realización de la zona habitacional y de oficinas llamada “el nuevo Polanco”. Se erigieron grandes torres y hasta un museo pero no se hizo una nueva calle o un parque. Ahí donde había construcciones de uno o dos niveles, ahora hay conjuntos privados enormes pero no hay destino público. Ni una placita arbolada.
Las calles y avenidas de la ciudad capital son inventarios generosos de baches y topes. Esto sirve para aumentar el grado de contaminación y de manera significativa para romper neumáticos y hasta suspensiones enteras poniendo en grave peligro a vehículos y ciudadanos. ¿Y eso a quién le importa?
Los anuncios espectaculares cubren el paisaje. Los volcanes y los cerros que nos rodean sólo se ven parcialmente en días de viento; en lo cotidiano son publicidad de todo tipo lo que vemos.
El grafiti gana bardas y casas cada día. A la autoridad le tiene sin cuidado que las propiedades privadas y públicas se transformen en ruinas modernas con el agravante de que dicen que es un arte que merece ser promovido. Está bien, a condición de que lo hagan en las casas de los funcionarios.
La hechura de los segundos pisos aquí y allá, necesariamente conlleva el estímulo para la compra de más y más autos; ¿acaso no se podían realizar esfuerzos para desarrollar más y mejor el transporte público?
Finalmente, cuando no se dan a conocer los índices de contaminación (los imecas), ¿significa que el grave fenómeno ha desaparecido?
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