Cárceles y procesos penales
Raúl Cremoux
Ya nadie duda sobre la necesidad de realizar cambios en la forma con que Calderón ha enfrentado el crimen. No ha sido suficiente lanzar el ejército a las calles como tampoco tratar de reformar a un contingente policiaco que parece no tener cura ni alivio contra el mal que lo domina: la corrupción.
El punto más canceroso quizás se encuentre en el régimen penitenciario, como acaba de ser mostrado por Raúl Plascencia, el presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.
Afirma que el crimen organizado controla 54 penales. Ahí en su interior son ellos, los capturados, quienes siguen delinquiendo desde las celdas; continúan dirigiendo bandas de secuestradores, gozan de cualquier privilegio que se mencione: alcohol, prostitutas, drogas, comodidades y manipulación de autoridades dentro y fuera de la prisión.
La última fuga masiva de 131 reos nos revela que el Estado nación no sabe cerrar las puertas de la cárcel; es más, hasta les permite salir durante las noches para que cometan todo tipo de atropellos sin que nadie tenga la osadía de controlarlos.
En consecuencia, ¿de qué sirve que, invariablemente, se aprese todos los días a diversas bandas aquí y allá? Bien sabemos que sólo será por horas, quizás meses o un par de años. ¿Y de qué sirve que estén en la cárcel cuando en realidad no lo están?
Un inmenso agujero es todo el proceso penal aunque buena parte haya sido teóricamente reformado con la adopción del método oral. Ese esfuerzo es nugatorio cuando las prisiones no están controladas por autoridades capaces y honradas. El costo brutal que ha tenido la aventura es inmenso. Han sido decenas de miles de muertos, mucho más de lesionados. Ha habido de todo, criminales, policías, soldados, mujeres, ancianos, niños con su consabida estela de viudas, huérfanos, desamparados. ¿Y todo este capital humano tirado al basurero se refunde en el laberinto procesal para que finalmente los poderosos, los adinerados del narco salgan impunemente hasta del resumidero que son las prisiones sin que se haga algo para impedirlo?
Reformar la estrategia es urgente y desde sus bases. Reformar la estrategia para tener una relación efectiva con otras naciones como Estados Unidos y Colombia; consumidores y productores. Reformar la estrategia a fondo para que el Estado sea eficaz y nos brinde lo sustantivo: paz y armonía.
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