La proeza la llevaron a cabo médicos de la Universidad de Gotemburgo y del Hospital Universitario Sahlgrenska
René Anaya
“Se traspasa por dos o tres años local seminuevo, en buen estado, listo para ser habitado, previo reparaciones ligeras”. Este anuncio hipotético no habría aparecido en la sección de avisos clasificados de los diarios, y seguramente quien hubiera ofrecido el traspaso no habría deseado que lo ocupara cualquier inquilino, sino uno muy especial: el hijo de su hija.
Se trata realmente de una proeza médica en proceso de consumación, pues a mediados de septiembre, un equipo de médicos de la Universidad de Gotemburgo y del Hospital Universitario Sahlgrenska, de Suecia, realizaron dos trasplantes de úteros de madres a hijas, con el propósito de que ese órgano trasplantado pueda albergar durante todo el proceso de gestación a un bebé.
La operación para albergar vida
El equipo médico, encabezado por Mats Brännström, informó que entre el 15 y 16 de septiembre realizaron los trasplantes, ambos en mujeres menores de 30 años. Uno de los trasplantes fue para una mujer que había sufrido la extirpación de su útero por un cáncer cervicouterino; la otra operación se llevó a cabo en una mujer con el síndrome de Rokitansky-Küster-Hauser (ausencia congénita de útero, trompas de Falopio y porción alta de la vagina).
Los trasplantes se realizaron sin ninguna complicación, según el informe médico que dieron a conocer los más de diez cirujanos que participaron en las cirugías, inclusive se adelantó que las donantes podrían volver a sus casas en unos días más.
Sin embargo, el éxito completo de los trasplantes no se conocerá sino hasta dentro de dos años, aproximadamente, cuando las mujeres receptoras probablemente terminen el periodo de gestación y nazcan sus bebés. Los médicos consideran que dentro de un año podrán intentar tanto la fecundación in vitro, como la anidación del óvulo fecundado en el útero, pero advirtieron que en condiciones normales la posibilidad de nacimiento de un niño por medio de fecundación artificial es de entre 25 y 30 por ciento.
Asimismo, Michael Olausson, otro de los médicos del equipo, recordó que el riesgo de rechazo de cualquier órgano trasplantado es de 20 por ciento, por lo que antes de intentar la anidación en el útero se deberán disminuir las probabilidades de rechazo, con la administración de inmunosupresores.
Con la finalidad de reducir los factores que pudieran causar el fracaso de estos trasplantes, el equipo médico que desde 1999 trabaja en este proyecto, seleccionó cuidadosamente a las receptoras y donantes. El doctor Brännström subrayó que el propósito de estos trasplantes es ayudar a ser madres a las mujeres jóvenes nacidas sin útero o que no les funciona, pero que son fértiles. No se trata, reiteró, de practicar el trasplante en mujeres que ya han pasado la edad de procrear, sino de restringirlo a cierto grupo de edad y, probablemente, tan solo de madre a hija o entre hermanas. Una vez cumplido su cometido, el nacimiento del bebé, el órgano será retirado para eliminar las complicaciones del rechazo.
Una cirugía controvertida
En esas condiciones, según el equipo sueco, ya se tienen ocho candidatas que podrán beneficiarse con la operación en los próximos meses. De esta manera se continuará con un proyecto que ha levantado críticas adversas, como la del español Rafael Martesanz, director de la Organización Española de Trasplantes, quien ha planteado que “cuando se habla de un beneficio más dudoso, como en esta intervención, es necesario valorarlo cuidadosamente desde el punto de vista ético”.
Una de las principales objeciones es que el trasplante no cura ninguna enfermedad, ya que el problema persiste pero las receptoras del órgano podrán ser madres; otra crítica más es que la cirugía no se realiza para salvar una vida, pero ese argumento no es muy válido, ya que igual criterio podría aplicarse a los trasplantes de cara y de extremidades.
Probablemente lo que está a discusión, encubierto en esos dudosos criterios médicos, sean los valores morales y religiosos, ya que una mujer podrá desarrollar a su bebé en el mismo útero en que ella transcurrió su gestación. Por esa razón, la connotación bíblica (“Bendito el fruto de tu vientre, y el fruto de tu tierra, y el fruto de tu bestia, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas”, del Deuteronomio) podrá adquirir otro significado, al igual que la plegaria del Ave María (“Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre”).
Al margen de esos planteamientos, el trasplante de úteros representa un gran avance en las técnicas médicas y quirúrgicas, ya que como ha señalado el doctor Brännström: “técnicamente es mucho más difícil que el trasplante de un riñón, el hígado o el corazón. La dificultad es evitar las hemorragias y asegurarse de que los vasos sanguíneos sean lo suficientemente largos como para conectarlos al vientre”.
Por lo pronto, ya se dio el primer paso en este proyecto, el trasplante, ahora falta averiguar si será posible que los úteros trasplantados sean capaces de albergar vida y llevar la gestación a buen término.
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