Edgar Díaz Yáñez
Vieja madera para arder,
viejo vino para beber,
viejos amigos en quien confiar,
y viejos autores para leer
Sir Francis Bacon
El pasado 27 de septiembre se celebraron 40 años ya desde que la maestra Carmen Galindo comenzó a impartir clases en la Máxima casa de estudios de este problemático y surreal país. El homenaje tuvo lugar en las salas A y B de la Facultad de Filosofía y Letras de dicha casa.
Aún el reloj todavía no marcaba las once de la mañana, hora en la que empezaría el festejo, cuando la gente ya comenzaba a ocupar lugar dentro de las salas. Uno tras otro, los integrantes de la primera, y aun de la segunda, de cuatro mesas arribaron. Nombres como José Luis Ibáñez, Carlos Landeros, Marcela Palma (quien organizó y moderó el acto), Eugenia Revueltas, Raquel Serur, Agustín Ramos y Josefina Morales desfilaron frente al micrófono, cabe la homenajeada, en las dos mesas de la mañana. Para las mesas de la tarde los nombres fueron Claudio R. Delgado, Pável Granados, Giuliana Zolla López-Mateos, Socorro Díaz, Reyna Barrera, Ignacio Merino Lanzillotti, Alejandro Álvarez, Alberto Híjar Serrano y, por supuesto, Magdalena Galindo. Sólo hubo dos grandes ausentes cuyos nombres aparecían en el programa: Sergio Fernández, por causas de salud, y Miguel Capistrán, quien había partido de este mundo tan sólo dos días antes.
Voces y textos y reminiscencias y anécdotas y sentimientos se fusionaron de manera particular, según el exponente, para delinear de manera nítida la figura y la persona de la maestra Galindo. Un día inolvidable, tanto para la homenajeada como para los espectadores. Por cuestiones de espacio — porque la longitud de un escrito debe ser proporcional a la resistencia de prender la televisión— no podré transcribir de manera literal todo el homenaje; situación que lamento debido a que deberían exponerse todas las palabras, solemnes pero jamás aburridas, y divertidas pero jamás superfluas, de quienes compartieron generosamente con nosotros, los asistentes, la experiencia de conocer a la maestra Carmen Galindo.
Así, José Luis Ibáñez leyó con una intensidad propia un exquisito texto que la maestra escribió en 1994 sobre Salvador Novo, «lo oí mejor de cómo lo escribí» comentó la también periodista. La Dra. Revueltas rememoró el tiempo y la manera en que conoció a la homenajeada, sin pasar por alto el «otro contacto… José Revueltas» con quien la maestra Galindo trabajó. La maestra Galindo no sólo colaboró de manera cercana con el autor de Ensayo de un proletariado sin cabeza, sino también con Salvador Novo, Sergio Fernández, Fernando Benítez, Carlos Monsiváis, etc. —este último amigo muy cercano de la maestra. Carlos Landeros nos instruyó «porque nada es casual» respecto a «los hechos más trascendentes que se sucedieron en ese no tan lejano año de 1972» el año en que «Carmen Galindo aterriza por vez primera en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM como maestra» —«Yo entré a la Universidad para hablar del 68 (…) Cuando pasó lo del 68 pensé “tengo que ir a algún lado para decirles a los jóvenes qué cosa es el 68”, y entonces dije que la mejor manera es ser profesora» apuntó la profesora.
Después de un minuto de aplausos en memoria de Miguel Capistrán, Raquel Serur dedica su escrito, titulado Imagen de Carmen Galindo, a la maestra Magdalena Galindo, analista política, economista, profesora de la Facultad de Economía, hermana de la festejada. Es importante señalar que las hermanas Galindo son uno, no contra todos, sino para todos. No puede concebirse, y no me dejarán mentir quienes las conocen, a una sin la otra. Tanto Carmen como Magdalena son festejadas en este día; yo me atreví a decir al final del evento que es un logro de y para las dos.
Agustín Ramos nos confiesa su sentimiento de intrusión tanto la primera vez que compartió mesa con la maestra Galindo y sus insignes amistades, como la última, ésta. Recuerdo un día, ya hace poco más de un año, que acompañando a la maestra Galindo afuera de la Facultad, ya que me estaba dando opciones de tema para la nota del suplemento, nos encontramos con Agustín. Él, después de las presentaciones y saludos, recuerdo perfectamente que me dijo «cuídala y quiérela mucho, porque es la mejor maestra que puedas tener. Fue la mejor maestra que yo tuve». El autor de Olvidar el futuro reafirma lo dicho cuando en la mesa del homenaje expresó: «Para mí, Carmen, les digo, representó un espíritu, el espíritu de la Universidad […] sin caer en mocherías ni nada, yo sí reivindicaría esto de “Por mi raza hablara el espíritu”, por mi raza, humana, no hay otra, hablará un espíritu como el de Carmen».
La maestra Magdalena lee dos textos, autoría de la agasajada, pertenecientes a la obra El lenguaje se divierte. La doctora Josefina Morales revisita uno de los proyectos más satisfactorios de las hermanas Galindo: el Seminario Público de Historia de la Cultura en México (1900-1970); «Llevamos ya 70 meses, un poco más, pero casi nunca se ha repetido a un exponente, siempre son nuevos. Tanto Malena como Carmen, no sé qué hacen, de verdad, es como magia, traen lo mismo arquitectos, que políticos, que profesores, que fotógrafos, periodistas, etc.». El seminario se celebra cada jueves último de mes en el salón de actos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
El tiempo apremia y la resistencia se agota.
Claudio R. Delgado nos brinda la experiencia de cómo conoció a la maestra Carmen mientras él trabajaba con Rafael Solana, conocido y querido común de ambos. La bella Giuliana Zolla López-Mateos se congratula de la experiencia de leer y comentar un libro por mes durante 18 años en clases particulares. Socorro Díaz se refiere a la experiencia periodística de las hermanas Galindo en El Día y luego, a la publicación de la colección del ISSSTE, que tuvo un tiraje, con la asesoría de la maestra Galindo, de más de dos millones de ejemplares. Pável Granados, como sólo él sabe hacerlo, expuso una característica muy importante y sui generis de la maestra: las anécdotas, «Esos momentos que Carmen nos cuenta como si fueran un postre delicioso». Las anécdotas son un resultado del vasto conocimiento que ella ha ido adquiriendo con el trotar rápido de los años y de los conocidos. La maestra Reyna Barrera opta por describir a Carmen utilizando una analogía: «Siempre, desde que la conozco, ha sido como una Antonieta Rivas Mercado, y le sobran Vasconcelos y Contemporáneos porque con todos nosotros tiene». Ignacio Merino Lanzilotti recordó la participación de la homenajeada en el teatro independiente y Alejandro Álvarez en Punto Crítico, la revista de militantes del 68, que Magdalena dirigió durante diez años.
Alberto Híjar Serrano expresa, para cerrar un día de fiesta tal y como se debe, que: «Yo hubiera querido traer a la porra de los Pumas […] lamentablemente están ocupados en otras cosas —están asaltando en estos momentos el Wall-Mart—, para cantar junto con ellos, pues esto que me parece un buen final, eso que les cantan a los pésimos futbolistas universitarios: Cómo no te voy a querer. Como no están ellos, pues no me queda más que decírselo personalmente: Cómo no te voy a querer por tanto que tan generosamente has compartido»
Así terminó el homenaje, la celebración, una celebración entre amigos, y uno que otro colado; un cumpleaños entre viejos amigos y viejos autores.
