Alejandro Alvarado

El libro Me traes alas (editorial Antares) de Ethel Krauze y Patricia Keeney, es el resultado del primer proyecto del Tratado de Libre Comercio en el área cultural que se propuso realizar con México, Estados Unidos y Canadá. La mayoría de los poemas que componen el volumen ya los tenían las autoras escritos, sólo hicieron su propia antología, como representativa de la poesía de cada una de ellas y la tradujeron. “Escogí algunos poemas relacionados con mis anteriores visitas a México”, revela Patricia Keeney, “porque yo ya conocía este país. Efectivamente, hay unos poemas cuyo origen son algunos de los viajes que yo había hecho anteriormente. He venido desde hace décadas, desde los años setenta. Algunos de los poemas que elegí son como una respuesta a esas estancias que tuve en México previas a este proyecto”. “Nuestra amistad nace a partir de este proyecto —revela Ethel Krauze—, antes no nos conocíamos, no éramos amigas, no sabíamos nada una de la otra. Patricia propuso en Canadá lanzar este proyecto y propone hacerlo con México, Estados Unidos y Canadá. Patricia, al indagar en poetas mexicanas termina encontrándome. Cuando hacemos el primer contacto, nos damos cuenta en la primera relación que somos gemelas. Decidimos dejar fuera a la equivalente nuestra, a la poeta estadounidense (que ni siquiera la habíamos elegido, ni siquiera sabíamos quién), porque Canadá y México son los dos lados fronterizos de uno de los países más poderosos del mundo, y esa condición de fronterizos nos hacía más singulares si queríamos conservar la posibilidad de dialogar directamente, sin pasar por el tamiz de una poeta estadounidense. De alguna manera, el peso político de ese país, de ninguna manera iba a imponerse a lo que apenas empezábamos a descubrir de nuestra condición fronteriza”. Patricia Keeney considera, como mujer y como escritora, que la poesía “es mi arte, es una comunicación entre culturas. Siempre he sentido que lo personal y lo político es uno. He pasado la mayoría de mi vida profesional en muchas otras culturas alrededor del mundo, con mi propio trabajo intercambiando ideas, intercalando las formas, las preguntas, las interrogantes de esas culturas; intercambiando la introspección de lo que los poemas pueden darnos unos a otros para nuestra propia vida. He practicado la docencia durante muchos años, actualmente estoy en la Universidad de York en Toronto. La mayoría de mi docencia está basada en escritura creativa, la cual Ethel también practica, y eso es algo que nos une”. La enseñanza en la escritura creativa es un área relativamente nueva, pero muy importante en las universidades, señala la poeta canadiense: “La creación literaria entra en la educación formal y yo soy una poeta que trabaja en eso. En algunos sentidos, la Universidad de York, como muchas otras universidades, en la forma en que el mundo se está transformando actualmente es un microcosmos de multiculturalismo. Canadá es un país que nace en forma multicultural. Aunque la poesía es muy difícil de traducir, es un arte que entra profundamente en el lenguaje, es su forma de expresión, por lo mismo, muy difícil de ser traducida; sin embargo, ese esfuerzo de traducir nos permite entrar en un contexto multicultural, aunque es difícil, pero nos permite conocer más”. Ante la pregunta a Keeney sobre su conocimiento de la poesía mexicana, responde: “conozco a Octavio Paz, a Ethel Krauze y a uno o dos más de los modernistas. En los pocos que conozco advierto una inclinación natural a palabras y a contexto como surrealista que no se encuentra de manera normal, de manera general, en la poesía escrita en inglés, especialmente en la canadiense”. Ethel Krauze, que vivió un año en Canadá, comenta, por su parte, sobre la poesía de ese país, que cuando tenía quince años, y después de meses de residir ahí, estaba en un ambiente totalmente anglófono, no hablaba inglés con nadie. Ahí aprendió a hablar inglés, “pero in situ, no es que tomara yo clases; nada más por estar viviendo allí aprendí a hablarlo. Empecé a escribir poesía en inglés porque sentía que necesitaba ser coherente con el entorno. Y me salió; empecé a escribir en inglés, y de ahí a leer también poesía, si no especialmente canadiense sí escrita en inglés y me gusta: es una poesía mucho más concreta, mucho más directa. El español es un idioma más barroco, con más sonoridades. Ese contraste es atractivo para mí”. Al analizar la poesía de Ethel y la suya, Patricia Keeney se da cuenta que la naturaleza del inglés es concreta y esto puede descubrirse en su poesía: “Yo siento que tratamos imágenes poéticas de manera diferente, tanto en Estados Unidos como en Canadá o en México. En mi caso, yo veo una imagen y la transformo verbalmente. Cuando algo me gusta lo veo como en mi mente y después lo transformo con las palabras”. Ethel Krauze opina que la unidad de la simbiosis poética de dos culturas diferentes puede encontrarse en el libro Me traes alas porque es autoría de dos mujeres, y por ese mismo hecho “nos dimos cuenta que ya tenemos un vaso comunicante. Nos interesa lo mismo del lenguaje. Está también el hecho de que nuestras nacionalidades estén a los lados de la frontera política de una de las nacionalidades de mayor preeminencia política, para bien o para mal, en el mundo actual. Una necesidad de reflexión de nuestra nacionalidad sui generis, también nos emparienta”.