Debate sobre elecciones sindicales
Humberto Musacchio
La salida de Andrés Manuel López Obrador del PRD dejó a este partido varios asuntos pendientes. Por ejemplo, las fracciones parlamentarias en ambas cámaras, que parecían mantenerse unidas, mostraron sus profundas diferencias al discutirse las reformas a la legislación laboral.
En el debate sobre la forma de elección de las direcciones sindicales, el diputado Adolfo Orive, del PT, se opuso al voto secreto y sus compañeros de bancada se le fueron a la yugular por considerarlo una traición. Sin embargo, Lenin también se oponía a la votación secreta, pues consideraba que los trabajadores deben saber quién vota contra sus intereses. A favor de Orive hay que decir que en México el voto —en las elecciones federales, estatales y municipales— es secreto, y eso no impide la compra de sufragios y otras chapuzas.
El incidente generado por el voto de Orive minimizó otras diferencias, por demás esperables, surgidas en la izquierda durante la discusión de la reforma laboral. Por ejemplo, un sector del perredismo, afín a la corriente de Los Chuchos, se opuso infructuosamente a la toma de tribuna con la cual el ala izquierda trató de impedir la aprobación del atraco a los trabajadores.
Gracias a ese incidente, las posiciones dentro del PRD se van plantando con claridad. Por ejemplo, Marcelo Ebrard, quien aspira a ser candidato presidencial aurinegro en 2018, reprobó implícitamente el acto de fuerza y declaró que el PRD tiene que prepararse “más para gobernar que para la protesta”. Pues sí, pero si no lo dejan gobernar tendrá que recurrir a la protesta, que forma parte de la vida democrática.
Más lejos fue Jesús Zambrano Grijalva, presidente del PRD, quien igualmente condenó la toma de la tribuna y abogó por “priorizar el diálogo antes de dividir el país con actos que poco contribuyan a mejorar las condiciones de vida de la población”, lo que implica que para el líder amarillo la reforma laboral sí mejora las condiciones de vida de la gente.
Zambrano, entrevistado en la toma de posesión de Graco Ramírez como gobernador de Morelos, coincidió con éste en que “es tiempo de construir acuerdos para alcanzar el bien común de México en coordinación con Enrique Peña Nieto”. Eso del “bien común”, como se sabe, es un concepto que maneja el PAN desde su origen, y aquello de la “coordinación con Enrique Peña Nieto” despide un fuerte tufo colaboracionista, propio de un partido que se desdibuja y se encamina hacia un servilismo socialmente estéril, pero seguramente provechoso para sus dirigentes.
