Revela el Laboratorio de Comunicación entre Humanos y Medios Interactivos de la Universidad de Stanford
René Anaya
Es relativamente fácil identificarlos en el trabajo, la casa, centros de diversión, en la calle e inclusive en prácticas deportivas: se les ve conectados a algún dispositivo o artefacto electrónico o informático (gadget, como ahora se les dice, sin traducir), al tiempo que realizan alguna otra actividad, física o mental. Son los individuos multitareas o multifuncionales.
El término multitask en inglés se tomó prestado de la informática en la que se designa así a los sistemas operativos capaces tanto de ejecutar varios procesos simultáneos, como de tener varias aplicaciones abiertas al mismo tiempo, para realizar diferentes tareas simultáneamente. Pero aunque así se les llama y conoce, estrictamente los multitareas humanos no existen.
Un mito de la “sociedad de la información”
Andan por las superficies de todo, pero no existen. Por supuesto que no son avatares, sino humanos de carne, hueso y gadgets; sin embargo, no son multitareas, es decir que no son capaces de realizar bien (para no hablar de eficacia y eficiencia) varias tareas al mismo tiempo, como lo suponen.
Por supuesto que quienes se creen multitareas, podrán decir que son un ejemplo viviente, palpable o capturable del ser multitareas. Pero de lo virtual a lo real hay más que un clic. Los supuestos multitareas humanos realmente realizan varias actividades a la vez, pero no necesariamente las llevan a cabo con los resultados que debieran esperarse, según investigadores que han llevado a cabo estudios para determinar si el uso de la informática ha modificado el cerebro de las nuevas generaciones.
Eyal Ophir, Clifford Nass y Anthony Wagner, del Laboratorio de Comunicación entre Humanos y Medios Interactivos, de la Universidad de Stanford, Estados Unidos, realizaron una investigación con 250 estudiantes. Primero descartaron a 150, quienes hacían una tarea tras otra (“a la antigüita”). De los 100 restantes quedaron 40 que se dividieron en dos grupos: los multitareas suaves u ocasionales y los intensivos.
En la primera prueba se mostraron dos series de imágenes de rectángulos rojos rodeados de azules, el objetivo era que los estudiantes dijeran si los rojos estaban en la misma posición en las dos series de imágenes. El resultado fue que los multitareas intensivos tuvieron menos aciertos lo que significa, según los autores del estudio, que tienen más dificultades para diferenciar lo importante de lo irrelevante, lo trascendente de lo superficial.
En la segunda prueba observaron una secuencia de letras de las que debían señalar cuáles se repetían dos y tres veces. Tanto los multitareas intensivos como los multitareas suaves acertaron en las letras que aparecían dos veces, pero en las que se repetían tres veces los intensivos se equivocaron más. “Los multitareas intensivos lo hacían peor, a medida que aparecían más letras mostraban más dificultad para retenerlas”, refirió Ophir.
Satisfacción contra eficiencia
En la última prueba se mostraron parejas de letras y números combinados (consonantes, vocales y cifras par e impar), los multitareas debían decir si un número era par o impar y diferenciar entre vocal y consonante, es decir que debían pasar de una tarea (clasificar números) a otra (identificar vocales y consonantes). Se encontró que los multitareas intensivos tardaron en responder 167 milisegundos más, en promedio.
Los resultados demuestran que, en contra de lo que suponen quienes se creen multifuncionales, la dedicación a varias tareas al mismo tiempo disminuye la concentración, memorización y capacidad de análisis; es decir que no se puede hablar y comer pinole al mismo tiempo o no se puede repicar y andar en la procesión.
Eyal Ophir, por su parte, lo señala con rigor científico: “Los multitareas intensivos tienen siempre toda la información ante ellos pero no pueden separar los conceptos en su mente”.
Asimismo, ha planteado: “buscábamos asiduamente las ventajas de esas personas en el estudio. Pero lo único que encontramos fueron desventajas. Creíamos que quienes realizan múltiples tareas a la vez tienen un gran control de la información, pero resulta que simplemente la confunden”.
“El meollo del problema ─según Clifford Nass─ es que quienes realizan múltiples tareas a la vez piensan que son excelentes en lo que hacen y han convencido al resto de la gente de que así es”. Pero en realidad no son personas más productivas, en todo caso parecen más satisfechas porque creen que hacen bien tareas tediosas o poco atractivas, al tiempo que realizan otras más placenteras, como hacer su tarea y ver un programa de televisión.
Sin embargo, como ha precisado Nass: “Las personas afectas a las multitareas creen que son buenas haciendo varias cosas a la vez, pero son peores en cada una de las áreas cognitivas necesarias para la multitarea”. Es decir que los multitareas no existen.
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