La reforma laboral es la piedra de toque
Christián Gutiérrez
Aún escucho a personas preguntarse qué pasará si en la Cámara de Senadores no se discute a fondo y se vota la iniciativa de reforma laboral enviada por la Cámara de Diputados, en los términos que los propios diputados la aprobaron.
Me parece que dos respuestas pueden explicar qué sucedería:
a) Una respuesta jurídica, que se encuentra en el artículo 71 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el cual señala que los senadores de la cuentan con 30 días naturales para discutir y votar la iniciativa de reforma laboral que les envió la Cámara de Diputados, y si no lo hacen, es decir, si no votan la iniciativa en este periodo legislativo preferente, entonces en la primera sesión del pleno de la Cámara de Senadores posterior a los 30 días deberá discutirse y votarse, sin extralimitarse de esta sesión legislativa.
Así interpreto el artículo 71 de la Carta Magna, aunque también creo que existe una deficiencia en la confección y redacción constitucional de la llamada iniciativa preferente, lo cual genera un vacío legal, pues el mismo artículo 71 no manifiesta expresamente qué pasaría si la cámara revisora decide no votar la iniciativa enviada por la cámara de origen y la devuelve.
Constitucionalistas aseguran que se perdería la categoría de iniciativa preferente y la iniciativa presentada quedaría a merced de ser trabajada en el marco de un periodo legislativo “ordinario”.
b) Una respuesta política, la cual me indica que si lo anterior sucede y los senadores no se ponen de acuerdo en lo sustancial para el sistema laboral, México estaría destinado a quedar atrapado una vez más e indefinidamente en los “humores” y en las “paranoias” de su clase política gobernante.
Desde luego que esto no es deseable, pues hoy más que nunca los mexicanos requieren contar con un Poder Legislativo más eficaz y que trabaje para solucionar muchos pendientes en el país. En esto va implícito generar un mayor índice de gobernabilidad, ya que “ésta descansa en la armónica relación entre los actores estratégicos de una comunidad, es decir, entre aquellos que tienen suficiente poder para alterar el orden público, impulsar o detener el desarrollo económico o, en general, afectar la marcha de la sociedad, ya sea porque poseen determinantes bienes de producción, o mueven organizaciones de masas, o tienen influencia sobre la maquinaria administrativa del Estado, o manejan las armas o poseen la capacidad de diseminar con fuerza ideas e informaciones sobre la sociedad”.
Así lo expresó el profesor Michael Coppedge, y los legisladores mexicanos deben entender la importancia del momento que vive un país con millones de personas en condición de pobreza, sin empleos y con una percepción muy negativa acerca de la política y los partidos políticos.
En fin, llegó la iniciativa preferente y esto puede significar un cambio positivo para el sistema político mexicano. La reforma laboral en discusión será la piedra de toque que mostrará el nuevo rostro del sistema político mexicano; claro, habrá que distinguir sus matices.
El autor es politólogo.
Twitter: @christian_gtz
