Revolución bolivariana y república amorosa

René Avilés Fabila

El nuevo triunfo presidencial de Hugo Chávez a primera vista parece modificar la conducta de lo que ahora vemos como izquierda en América Latina.

En primer lugar, ocurrió por la vía electoral; en segundo lugar, fue un proceso claro, donde la personalidad del primero y sus proyectos se impusieron a un candidato conservador que dejó en claro que no sabe cómo enfrentar los desafíos de su país.

Venezuela no sólo mantendrá su cercanía con Cuba y con diversos países de Medio Oriente, todos en conflicto con Estados Unidos y seguramente su postura contraria a los intereses del capitalismo extranjero aumentará.

Durante los momentos en que los medios venezolanos daban la noticia y sus puntos de vista, hubo muchas dudas sobre si el éxito de Chávez repercutiría en México y en otros puntos de América Latina. En lo personal, lo dudo.

En México, su equivalente, Andrés Manuel López Obrador, padecerá mucho para echar a caminar su propio partido y no será igual de exitoso, luego de dos derrotas, cuando tenga que enfrentar a los demás partidos, principalmente al PRI y al PAN, quizá al PRD.

Por otra parte, estamos ante dos populismos distintos, dos conductas diferentes. Chávez es un triunfador, nos guste o no, mientras que López Obrador, pese al éxito y a su arrastre de caudillo demagógico, nunca ha podido obtener un gran triunfo salvo cuando ganó el Distrito Federal, una ciudad en manos del perredismo y con muchas cuentas pendientes con el partido que regresa a Los Pinos victorioso, el PRI. No sabe cómo actuar en la derrota más que de manera violenta, rijosa.

Chávez es festivo: canta, baila, grita, amenaza, tiene en las manos un curioso invento que llama la “revolución bolivariana” y con ella enfrenta grandes desafíos.

En México, López Obrador tuvo dos ideas simples y malas, una en que todo le daba a los pobres y otra en que convertía México en “república amorosa”. Al final no tuvo que responder ni ante los humildes ni ante los amorosos.

En otras palabras, aunque ambos son por completo políticos, viven y respiran de tal actividad, el venezolano sabe qué hacer, cómo convencer, tiene un proyecto nacional distinto y uno internacional que ha sabido manejar. El mexicano sólo tuvo una lista de personajes que de poco le sirvieron sin un programa contundente como el expresado por Chávez. Las diferencias son abismales entre un caudillo y otro.

De algo servirá el triunfo de Chávez entre las llamadas izquierdas, tendrá el mérito de hacerles notar que las mexicanas navegan sin proyecto, simplemente buscando el poder y mejorando sus haciendas personales.

El Distrito Federal tiene una larga hilera de “izquierdistas” que más que pensar en enfrentar los intereses del capitalismo, ellos mismos desean formar parte de tal círculo privilegiado. Así, imposible triunfar.

A Chávez no pueden acusarlo de corrupto y sí en cambio de tener políticas internas y externas que lo conducen hacia posturas sui géneris de socialismo peculiar. Hablar de Marx con terminología y valores de Bolívar no es fácil y suena grotesco. Cuba ha intentado lo mismo hablando de Marx y Martí. A cambio aquí, “las izquierdas” sólo muestran su devoción por los puestos públicos y el dinero oficial.

No veo a ningún líder “progresista” pensando en la lucha contra el imperio y menos vinculándose a sus grandes enemigos como lo son varios países musulmanes y buscando la amistad de países como China y Rusia que tienen enormes diferencias con Estados Unidos.

Sí, la “izquierda” mexicana nada tiene qué ver con la izquierda venezolana. La nuestra siempre amerita las comillas, fomenta el desconcierto y desprestigia una causa justa y una ideología clara en sus propósitos: los de transformar la economía de mercado.

 

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