Entrevista a Marco Cancino/Director general de Inteligencia Pública
Moisés Castillo
El PRI de hoy piensa con mayor libertad, pero acciona tan atadamente como antes. Esta reflexión bien puede aplicarse a nuestro presente político, pero fue escrita hace casi 40 años por Daniel Cosío Villegas en su libro El estilo personal de gobernar. Y ése es, quizá, el dilema mayor del presidente electo, Enrique Peña Nieto: cómo gobernar, con quiénes, para quién. Se habla del nuevo PRI pero se ven las mismas caras —al menos en el Congreso—. El es un político joven pero rodeado de viejos conocidos. ¿Cómo será la relación gobierno-partido?
Si bien es cierto que el PRI ya no es el partido hegemónico, que existe un equilibrio de poderes, que hay libertad de expresión, pero lo único que no ha cambiado es la forma de gobernar. Los gobiernos panistas nunca tuvieron la capacidad de darle una vuelta de tuerca a la silla presidencial. El gran reto de Peña Nieto es cambiar esta percepción y aplicar una autocrítica permanente. Reconocer los errores y resolver con imaginación y eficacia los problemas nacionales.
Ahora vemos que el presidente Felipe Calderón “presume” los logros de su mandato sexenal. Se fue de gira internacional y quiere salir por la puerta “grande”, cuando la realidad es otra: más de 60 mil muertos de la guerra antinarco.
Es por eso que “recomienda” al próximo presidente seguir con la estrategia contra los cárteles de la droga porque el combate apenas se encuentra a “mitad del camino”. Y de paso felicitó a la Policía Federal.
“Esta Policía Federal —dijo—, con todos los matices y todas las excepciones que se han presentado en el comportamiento —como en cualquier institución humana—, es parte y una prueba palpable de este proceso de depuración y fortalecimiento de las instituciones públicas encargadas de hacer cumplir la ley. Y con este legado estamos poniendo de nuestra parte para contribuir al México seguro que anhelan y merecen todas las familias mexicanas.”
Organizaciones civiles como la que encabeza Javier Sicilia, la Comisión Nacional de Derechos Humanos, partidos de oposición urgen cambiar la estrategia ante los últimos acontecimientos trágicos, como la muerte del hijo exlíder nacional del PRI, Humberto Moreira.
“La frase que he estado oyendo en este sexenio de «voy a dar instrucciones para que se aclare esta muerte» ya no cabe aquí, yo creo que de inmediato hay que detener a quien lo mató, y que nos digan con qué motivos y por qué lo mataron. Otra vez vuelvo a decir: ¿en dónde está la estrategia del presidente Calderón?”, sentenció el coordinador del PRI en el Senado, Emilio Gamboa.
No sólo existen “presiones” para dar continuidad al plan anticrimen sino también en otros rubros como en el económico y educativo.
En tanto, el asesor de Peña Nieto en materia de seguridad, Oscar Naranjo, ha dado señales de que no habrá pacto con el narcotráfico, pero sí se buscará reducir la violencia. Así lo dijo, en entrevista al diario El País, el general colombiano que combatió con éxito el narco y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.
“Habrá una política de seguridad —dijo el general— que tiene por fundamento la reducción de la violencia. Atacará los grupos criminales, pero no se trata de tener una política contra el narcotráfico a toda costa sino de avanzar en lo fundamental, que es proteger la vida, la libertad y los derechos de la gente.”
Por otro lado, en el PRI se ha mencionado la necesidad de una renovación interna. El dirigente nacional, Pedro Joaquín Coldwell, señaló que el tricolor requiere transformar sus estructuras internas y abrirse a la sociedad.
“Si estamos pensando en construir un nuevo país —dijo el priista—, también tenemos que erigir un PRI renovado, que corresponda a la nación que estamos imaginando. Debemos reformar nuestro partido para agilizar las estructuras partidistas, abrirlas a la sociedad, porque es necesario formar un PRI de vida cotidiana, no solamente una instancia para ganar las elecciones.”
El PRI y Peña Nieto saben que no deben repetir la historia fallida de los últimos 12 años, donde el PAN-Ejecutivo federal nunca pudieron definir cómo iban a gobernar, cuáles eran los límites y alcances de la relación y cómo se apoyarían para impulsar una agenda nacional común. Se exhibieron diferencias, jaloneos, críticas, falta de liderazgo que se tradujo en continuas derrotas electorales.
Peña Nieto gobernará con un Congreso dividido, seguirá siendo un presidente de minoría como lo fueron Vicente Fox y Calderón, pero con la enorme oportunidad de demostrar que existe otro estilo de gobernar. Escuchar a la gente. Regresando a Daniel Cosío Villegas: democratizar una sociedad es complicado, y su solución no puede venir de un solo hombre, así sea tan encumbrado como un presidente de la república.
Para el politólogo Marco Cancino, director general de Inteligencia Pública, la ventaja que tiene Peña Nieto es que desde la campaña se fijó metas muy concretas.
“A nivel federal —dice Cancino— podría seguir la misma estrategia. Los mismos compromisos que firmó y las alianzas que alcanzó se van a traducir en su gabinete. El gabinete, ¿qué es? Representa los grupos de interés con los que trabajará el presidente en turno. También hay esta discusión de quiénes son sus amigos y si va a gobernar con ellos. Veremos realmente cuáles serán las alianzas políticas con las que gobernará en su sexenio.”
Cambio: los “qués” y los “cómos”
Sin duda, el tema de la seguridad pública es el que más le interesa a la gente. ¿Hay una presión real de Felipe Calderón para que exista una continuidad en la estrategia antinarco?
Aquí hay un dilema entre cambio y continuidad. Parte del éxito de las políticas públicas en otros países, en cualquier tema, es garantizar un mínimo de continuidad de lo que se quiere hacer. No necesariamente tiene que ser la misma estrategia, quizá con algunos cambios perceptibles en los “cómos” y que podría de alguna manera garantizar el éxito de políticas públicas de largo aliento. La pregunta es si en materia de seguridad esto aplica o no. Es muy probable que la intención de Calderón, al estar haciendo público al final de su administración de que su estrategia de combate al crimen organizado es la ganadora, es tratar de elevarle el costo político a Peña Nieto si cambia de dirección, no solamente en los “cómos” sino en los “qués”. Lo que hace es sacar del foco de atención una evaluación del desempeño de su administración sobre este tema. Es decir, vamos a poner en el foco de la atención pública si debe de haber cambio o continuidad. Pienso que sí es importante seguir armando una nueva estrategia, replantear el plan, ver lo que se puede retomar y recuperar lo mejor de las políticas actuales en materia de seguridad.
¿Esto implica cambiar nuestro sistema de justicia? Porque la guerra contra el narco para muchos fue improvisada…
El Ejército y la Marina realizaron actividades o funciones de seguridad pública sin un marco legal que les diera esas atribuciones. Es un problema de Estado de derecho y que queda inconcluso al no haberse aprobado la reforma a la ley de seguridad que justamente trataba de darle esas atribuciones. Otro tema son los grandes pendientes en la implementación de la reforma al sistema de justicia penal, que los estados están rezagados en una reforma constitucional que se planteó y se aprobó en 2008 y que establece como plazo el 2016 para todos los estados. Hoy están atrasados la mayoría salvo excepciones como Chihuahua o Nuevo León, Oaxaca, Yucatán. Pero lo más importante es que no ha habido un liderazgo desde la federación para orientar e impulsar a los gobiernos estatales para invertir recursos institucionales, políticos y económicos en esta transformación importante.
¿Cuál será el estilo de gobernar de Peña Nieto?
Hay una vieja discusión en cuanto si los mexicanos requerimos una especie de tlatoani que venga a resolver todos nuestros problemas o un líder que oriente las decisiones del Estado mexicano, en términos de Estado de derecho, de impulso a una agenda económico social. Un líder establece los criterios y las reglas a través de los cuales los distintos actores se van a desempeñar. Lo que necesita México es un liderazgo político que pueda orientar el Estado de derecho, las reglas del juego, y que garantice su cumplimiento. Es muy importante porque en México estamos acostumbrados a crear leyes, modificarlas y a no cumplirlas. Uno de los puntos fuertes que tuvo Peña Nieto durante su gestión como gobernador en el Estado de México es que había tenido metas concretas. Estos cientos de compromisos que fueron verificables. Y que además tuvo una estrategia de comunicación bastante exitosa. Es decir, tenía objetivos muy claros, muy identificados por la sociedad, problemas tangibles, aterrizados, nada abstracto: construir caminos, pavimentar una calle, escuelas, hospitales, cosas cotidianas que necesita la gente. Eso fue parte del éxito y después construir una figura y un liderazgo bastante emblemático, pero con una estrategia de comunicación muy exitosa. Eso fue y de alguna manera se sumaron un conjunto de aliados que permitieron que funcionara en lo público.
¿Estamos frente a un nuevo PRI? ¿Qué certezas da Peña Nieto?
Esa discusión podemos contestarla una vez que empiece a gobernar. Esa es la gran apuesta. La gran incógnita es cómo se mueve al ver a parte del PRI “viejo” en el Congreso. Se puede asumir que son los mismos de siempre, pero dentro de su equipo compacto es otra generación. La pregunta sería: ¿cuál de esos grupos dentro del PRI —que es una amalgama de corrientes y de grupos de interés— es la que va a tener mucho más fuerza para tomar decisiones estratégicas?
Por un lado, tenemos a la nueva camada de políticos que son los más cercanos a Peña Nieto, como Luis Videgaray, el grupo de economistas que lo rodean y otro grupo político como el exgobernador de Hidalgo.
Por otro lado, las corrientes de antaño como Manlio Fabio Beltrones o Gamboa. Cuáles son esos equilibrios y cómo van a influir en la agenda y en los procesos de toma de decisión. Y será cuando nos daremos cuenta de si es en verdad un nuevo PRI o no. Los buscapiés que lanzó Calderón fueron acertados al enviar esas dos iniciativas preferentes. Era un poco para saber si el presidente electo estaba a favor de la transparencia y la anticorrupción.
Y por otro, sus compromisos con la clase trabajadora. “Están diciendo que van impulsar reformas estructurales, pues les envío al reforma laboral”, para ver exactamente cuál es la posición o el juego del PRI ya como Ejecutivo federal. La prueba de fuego era la reforma laboral, que es muy parecida a la iniciativa que había presentado el PRI y la segunda versión que había enviado el propio Ejecutivo hace un par de años. El único punto en el que sí dudó fue el tema de no aprobar la democracia sindical. Pero la necesidad del sector productivo de contar con una ley laboral más flexible creo que se cumplió.
¿Habrá un matiz en la relación gobierno-partido?
Seguirá siendo lo mismo mientras siga existiendo este sistema presidencialista y carezcamos de un modelo parlamentario. Es muy probable que seguiremos con el primer priista en Los Pinos como sucedió con el panismo, que tanto criticó esa relación PRI-gobierno. En el momento en que Fox y Calderón asumieron la presidencia, ellos asumieron de facto el liderazgo de su partido. Tan es así que transformaron completamente Acción Nacional. Es muy probable que con el PRI vaya a suceder lo mismo: Peña Nieto concentrará tanto el liderazgo de México, pero también el liderazgo de su partido.
