Inversiones en España

Félix Fuentes

Pemex no es precisamente una panacea, ni su administración es un dechado de honestidad y eficiencia como para tratar de resolver los desfalcos de España, sin solucionar los propios. Por su precaria situación económica, México está para recibir inversiones, no para hacerlas en un país al borde de la quiebra.

Todavía no explica el director de Pemex, Juan José Suárez Coppel, quién lo autorizó a obtener, en nombre de la paraestatal  el crédito por 1 mil 600 millones de dólares para adquirir  9.5 % de las acciones de la petrolera española Repsol y ya embarcó al país en la construcción de dos hoteles flotantes en Galicia, España.

En la primera  operación, un constructor hispano —dueño de empresa Sacyr— quiso adquirir 25 % de las acciones de Repsol, incluido el capital de Petróleos Mexicanos, con la idea estúpida de controlar el Consejo de Administración de la misma petrolera española.

En el tramposo manejo, a Pemex le faltó, supuestamente, adquirir 0.5 % de dichas acciones, no se completó el 25 % planeado, fue expulsado  Sacyr de Repsol y ahora México paga intereses del crédito de 1 mil 600 millones de dólares y ni conviene vender las acciones de Repsol, por ser papel para la basura.

El presidente Felipe Calderón no ha dicho una palabra del “fabuloso negocio” con Repsol ni se indica en la documentación que él haya autorizado a Suárez Coppel a realizarlo.

Suárez Coppel tampoco consultó ni dio cuenta de dicha compra de acciones al Consejo de Administración de Pemex. Es decir, actúa como si fuera propietario de la paraestatal.

Otro negocio extraño, también con recursos de Pemex, fue sabido en estos días. Ahora, con motivo del viaje a Europa del presidente electo, Enrique Peña Nieto, se informó de la inversión de 300 millones de dólares para edificar dos hoteles flotantes en puertos de Galicia, España, además de construir algunos barcos y remodelar  muelles en esa región.

Según el reporte informativo de la gira de Peña en   España, con esa inversión se pretende ayudar al gobierno hispano a salir de la crisis —¿será?— y el presidente electo habría dicho que con los floteles se pretende fortalecer la competitividad de la industria petrolera mexicana.

Que se sepa, Pemex no es competitivo, si el gobierno lo despoja de la mayor parte de sus ingresos para cubrir sus abismales carencias. Y si la paraestatal tuviera recursos de sobra  haría por su cuenta exploraciones a fin obtener el petróleo de aguas profundas y no anunciar el ingreso de capitales privados para sobrevivir.

Es incomprensible la relación de la “república amorosa”, como diría Andrés Manuel López Obrador, con la Madre Patria. En  época de Francisco Franco actuó como madrastra y con nuestros gobiernos tecnócratas y panistas ha recibido todo género de atenciones y sus banqueros y dueños de la Telefónica española actúan a placer en México, mejor que en su  país.

Algunos gallegos, hábiles en la hotelería de paso y en restaurantes de su estilo, son bien tratados en nuestro país y dos de ellos son dueños de numerosos periódicos, estaciones de radio y canales de televisión.

En cambio, los mexicanos llegados a España reciben severos tratos, hasta del dinero que llevan como turistas y la seguridad de que no se van a quedar allá. ¿Por qué tanta benevolencia de los gobiernos entrante y saliente de aquí?

Sobre las inversiones en España, a Peña Nieto le llueven críticas y mucha gente se pregunta qué tan exitosos le han resultado los viajes a Sudamérica y Europa.