Edgar Díaz Yáñez

  Yo celebro. Celebro y danzo

bajo la númida capa de lo eterno.

Escucho el silbo del verde olor

de mis días natales:

escucho cómo gira la rueda de la noria

y cómo lo inasible crece en las espigas.

“Celebración de la infancia”

Juan Bañuelos

 

Hace 80 años, el 6 de octubre, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, nace Juan Bañuelos. El mismo Bañuelos que fue acreedor del Premio Chiapas en 1984 y el mismo que recibió el Premio Nacional de Poesía por Espejo Humeante en 1968. Aquel mismo que creara Puertas del mundo (1960); Escribo en las paredes (1965), No consta en actas (1971), Destino arbitrario (1982), El traje que vestí mañana (2000), etc. El que fundara y perteneciera al grupo de poetas llamados La Espiga Amotinada, junto con Óscar Oliva, Jaime Augusto Shelley, Eraclio Zepeda y Jaime Labastida —«El título era mío, lo tomé del final de unos versos de Quevedo.» confiesa en entrevista a Silvina Espinosa de los Monteros[i]. El mismo que fue alumno de Rosario Castellanos. El que estudió Derecho, Letras y Ciencias Políticas. El mismo que fue galardonado en 1978 por las autoridades de Sicilia, Italia, con la investidura de Huésped Distinguido. El mismo que a los 10 años de edad ganó un concurso de poemas dedicados al árbol. El Bañuelos que convierte la ira en verso, «pasando por el soneto como manera de expresar la vida que transcurre, el poeta, el cultivo del verso libre y hasta la prosa poética o el poema en prosa», escribió Julio César Félix en Juan Bañuelos: poeta del mundo”[ii] ). El Bañuelos de quien el Fondo de Cultura Económica publicará para mediados de noviembre del presente año su obra completa —«“Será toda mi obra, no sé si van a ser dos o tres tomos, pero ahí está la vida de uno, ¿verdad?”» declara en entrevista para el periódico La Jornada [iii]

Bañuelos cumplió 80 años y dicen que el mejor homenaje para un escritor es ser leído. «Con todo esto de los homenajes he dicho: “Sí, está muy bien, ¿pero me habrán leído?” Y algo que ha sido una grata sorpresa es que sí lo han hecho. Hay personas que llegan y me recitan de memoria algún poema, aun cuando varios de mis libros están agotados desde hace tiempo. Ése es el mayor homenaje que le pueden hacer a un escritor» (tomado de la entrevista ya mencionada de Silvina Espinosa de los Monteros). En un país donde el promedio de lectura por persona es de menos de dos libros al año, eso es un logro, amén de envidiable, extraordinario. En un país donde la violencia, el temor y la impotencia sobresalen injustamente como temas de costumbre, se necesita de la literatura para erradicar lo que hace daño, de la poesía para «volver a la lectura de lo que más [nos] duele» y tratar de remediarlo.

Juan Bañuelos cumplió ochenta años y no han sido pocos los homenajes y bellas palabras desde entonces al respecto.

Que los homenajes y los festejos continúen. Que las palabras de aliento sigan fluyendo para el responsable de hacernos sentir que respiramos en un país donde casi todo nos asfixia. Que las letras no cesen. Que la lectura continúe. Que los versos nunca se acaben.



[ii] http://elvendedordetierra.wordpress.com/category/dossier/juan-banuelos/

[iii] http://www.jornada.unam.mx/2012/10/06/cultura/a36n1cul