Algunos las confunden con una tómbola

Obdulio Avila Mayo

Los legisladores que forman parte de la LXII Legislatura y que encabezarán los trabajos de las comisiones tienen la responsabilidad de impulsar la tarea conjunta, los principales consensos y realizar reuniones productivas en las que se cumpla plenamente el objetivo por el cual fueron creados estos cuerpos legislativos.

Las comisiones deben ser conducidas por mujeres y hombres preparados y comprometidos con los temas, para que puedan encausar las propuestas particulares para formular proyectos generales. Los órganos especializados, anteriormente enunciados, deben reflejar la representatividad de las fuerzas políticas, pero sobre todo la voluntad de los ciudadanos.

Los informes de sus actividades, que seguramente se replicarán en los documentos o eventos que los integrantes realicen para comunicar a la población de su comunidad, tendrán sentido en la medida en que reflejen resultados o presenten los argumentos por los cuales algunas investigaciones, coyunturas o proyectos de ley no fueron atendidos.

En ocasiones, las comisiones pueden confundirse, por quienes las asignan y por quienes las reciben, como una especie de tómbola o sorteo en la que además del presupuesto, se espera vengan acompañadas por grandes reflectores que facilitarán la empresa de ocupar espacios en los medios de comunicación.

Pensar de esta manera evita que el trabajo legislativo se fortalezca y profesionalice. La presencia y labor de todos y cada uno de sus integrantes es fundamental, para la rendición de cuentas y para un Poder Legislativo más efectivo.

 Las comisiones cobran relevancia por el sentido de deber que tengan quienes la conforman; independientemente de si se trata de una comisión ordinaria, especial o de investigación. El tamaño de una comisión se determina por la labor y los resultados, la importancia debe versar sobre cuán trascendentes son los temas para la ciudadanía, su bienestar y desarrollo.