Generación de derrama económica

Obdulio Avila Mayo

Desde tiempos remotos, la movilidad ha sido fundamental para el desarrollo de las civilizaciones. Abrir caminos era la única manera de compartir conocimiento, víveres y objetos de valor.

Desde los viajes de Marco Polo a China hasta los conquistadores españoles en América, imperios y reinos ganaron o perdieron batallas por su ubicación geográfica, el dominio de las vías de comunicación y el desarrollo de sus medios de transporte.

Actualmente, las sociedades no podrían funcionar sin el adecuado uso del transporte, las ciudades posiblemente colapsarían o se verían condenadas a vivir en el pasado. La infraestructura es incluso un tema de seguridad nacional si consideramos que la dificultad de transportar alimentos, maquinaria, insumos de producción, medicinas o la incapacidad de trasladarse fácilmente a un hospital, a las escuelas, por ejemplo, podrían derivar en caos.

En ese sentido, la nación debe contar con una extensa red de puertos, aeropuertos y carreteras funcionales y protegidas que permitan el tránsito de mercancías y de personas. La movilidad dentro de las ciudades es un componente vital para la evolución de las mismas.

La creación de infraestructura genera derrama económica al momento de su construcción ya que genera empleo, desarrolla cadenas de producción, abre o cierra los caminos que definirán si se avanza como país, permite aumentar la competitividad y crear más oportunidades.

Es por ello que la actual administración ha invertido 234 mil millones de dólares, lo que representa en promedio el 4.6 % del Producto Interno Bruto, 30 % más de lo que se invirtió en el sexenio pasado y superior a las inversiones realizadas en los gobiernos anteriores.

Otro elemento fundamental fue el marco legal, ya que con la Ley de Asociaciones Público Privadas, se generan beneficios concretos como el incremento de los recursos disponibles para el desarrollo de infraestructura y la integración de experiencias, habilidades y capacidades de los dos sectores para la realización de proyectos en común.

De esta manera, se incluye el sector privado en el desarrollo nacional, permitiendo a la banca comercial y de desarrollo encauzar recursos al desarrollo de infraestructura y no sólo al consumo y financiamiento de grandes empresas. La Ley de Asociaciones Público Privadas funge así como la normatividad que provee seguridad jurídica para que gobiernos y empresas generen sinergia en el tema del desarrollo de infraestructura.

De esta manera concluimos que el sexenio de la infraestructura no sólo crea, sino que también mantiene operando a las venas y arterias de nuestro país para generar mayor competitividad y una mejor calidad de vida. Se han disminuido los costos y tiempos de transporte, se abrieron puentes hacia nuevos mercados y se trabajó fuertemente para vencer el reto del aislamiento y marginación de comunidades a las que ahora les ha cambiado la vida.

Los puentes y caminos hacia un México competitivo, moderno y eficiente son muestra de la palabra cumplida, del compromiso con el desarrollo económico, social y humano que permitirá a las futuras generaciones llegar cada vez más lejos y mejor preparados.