Trabajemos por un sexenio de la cultura
Marco Antonio Aguilar Cortés
Los eventos culturales de mayor importancia se realizan, en México como en el resto del mundo, en las grandes urbes y para minorías denominadas cultas. Si esto fuese la cultura, ésta se empobrecería, incluso, ante el principio de costo beneficio.
Esos festivales costosos y espectaculares están muy lejos de ser el núcleo de toda cultura. En realidad en el planeta, en nuestro país y en cada una de sus entidades federativas, existen y coexisten variadas culturas que, con o sin esos espectáculos, siguen siendo culturas en desarrollo.
No hay, por ello, la definición de cultura única, absoluta, exclusiva; gozamos, sí, de gran variedad de intentos esclarecedores sobre la conceptualización de este fenómeno humano. Beatriz Pagés Rebollar en su dialéctica labor al respecto ha sido aportadora.
Cada ser humano en su individuo socialidad tiene aptitudes que puede y debe cultivar; es decir, desenvolverlas con esfuerzo y talento hasta conducirlas a su máxima expresión, para así cultivarse. Esta vía es la adecuada para ser culto de verdad, y no simplemente un pretencioso simulador.
Cultivar su capacidad para cantar, danzar, pintar, esculpir, construir, actuar, producir música en todos sus espectros, expresarse de manera oral o por escrito en todos sus géneros literarios; o, en contrapartida, cultivar su disposición para apreciar y gozar de todas esas manifestaciones humanas.
A favor estoy de que se realicen grandiosos lances culturales, pero teniendo en cuenta que la cultura es para todos, y para todo.
Actualmente los avances tecnológicos permiten llevar hasta las más recónditas aldeas, y a la intimidad de todo hogar, los mejores eventos culturales. Nuestro espacio aéreo, y las señales de televisión y radio, propiedad de la nación, deben ser los diseminadores, eficaces y gratuitos, de esos programas culturales, cuidando que éstos se realicen en diversas regiones de México, rotando su sede para que no las monopolice nadie.
Eso hará bien a las televisoras y radiodifusoras, para que dejen de sublimar, en sus emisiones, la sangre de notas rojas, y mejor difundan, con validez educativa, la presencia de la cultura.
De la cultura para todo. Cultura para que los mexicanos seamos puntuales. Cultura para siempre privilegiar la verdad. Cultura para cuidar el agua. Cultura educativa, para que nuestra vida sea un informarnos y formarnos constantemente. Cultura del trabajo, tanto para generar empleos productivos como para producir bienes y servicios de calidad.
Cultura para distribuir mejor todo lo producido, no permitiendo que haya decenas de miles de millones de dólares en propiedad de una sola familia, cuando hay millones de desempleados con hijos en la miseria y abandono. Cultura para respetar la vida y la integridad humanas. Cultura para que sea inviolable la casa habitación de todas y cada una de las familias de México, ya que nuestro hogar debe ser respetado por autoridades y por delincuentes.
Cultura para que cualquier humano a toda hora puede transitar por campos, calles o carreteras, y nadie le falte al respeto.
En otras palabras, la cultura debe ser la base fundamental para todos nuestros actos, y una herramienta eficaz para la resolución de los graves problemas que actualmente padecemos. Trabajaremos, así, para que el del presidente Enrique Peña Nieto sea el sexenio de la cultura.
