El prodigioso arsenal del ser humano para restablecer su salud.

René Anaya

Algunos charlatanes posmodernos, principalmente los que se dedican a dar cursos de superación personal, han planteado que el poder de la mente puede resolver cualquier problema, incluso los de la salud. Pero la experiencia y la experimentación científica demuestran lo contrario.

Sin embargo, en ciertas condiciones algunas sustancias y técnicas sin valor terapéutico aparente pueden contribuir a restablecer la salud o a aliviar los síntomas de ciertas personas. Las remisiones o mejorías causadas por esas sustancias y técnicas reciben el nombre de efecto placebo, que aún no se sabe cómo suceden.

El misterio del “complaceré”

Por supuesto que el efecto placebo ha servido para que seudocientíficos y embaucadores abusen de los enfermos y sus familiares, pues ofrecen curas y dan falsas esperanzas con sus procedimientos mágicos, que solamente atenúan la sintomatología de padecimientos como el cáncer, pero que no contribuyen a su curación.

En contraste, los médicos que emplean los placebos saben desde hace mucho tiempo que su efecto es mejor en padecimientos que tienen un importante componente anímico o emocional, como ciertos dolores crónicos. Por tanto, el empleo de estas sustancias es limitado y, en ocasiones, cuando su efecto es temporal, se utilizan con la idea de mitigar las molestias en tanto la terapia produce los resultados esperados.

Por su parte, los investigadores biomédicos lo estudian para averiguar qué reacciones bioquímicas ocurren en el organismo para desencadenar esa respuesta benéfica del placebo que, de acuerdo con su etimología latina, significa complaceré.

Ese misterioso placebo ha comenzado a desvelar sus secretos que le permiten complacer o reducir las molestias, gracias a los avances de las últimas décadas en la neurofisiología y la genética. Por ahora, se ha corroborado que la mente puede contribuir a restablecer la salud, pues la observación clínica de pacientes ha permitido llegar a esa conclusión.

Por esa razón, una buena proporción de médicos prescribe placebos y seudoplacebos (sustancias que son efectivas para ciertos trastornos pero no para el que aqueja al paciente, por ejemplo el uso de vitaminas para tratar el insomnio), como lo demostró un estudio realizado por Amir Raz, de la Universidad McGill, de Montreal, Canadá, quien ha señalado que “una proporción significativamente alta de psiquiatras, entre todos los médicos, parece asignar más valor a la influencia que los placebos ejercen en la mente y el cuerpo”.

Los placebos y los genes

Del conocimiento empírico se ha transitado al conocimiento científico sobre las características del efecto placebo. En un estudio publicado recientemente en la revista electrónica PLoS ONE, se plantea la relación entre los genes y la eficacia de los placebos.

Investigadores de la Universidad de Harvard y del Centro Médico Diaconisa Beth Israel, de Estados Unidos, estudiaron el efecto placebo de falsa acupuntura en 104 pacientes con síndrome de colon irritable, padecimiento que se caracteriza por inflamación y dolor abdominal, diarrea y estreñimiento.

A los pacientes se les dijo que recibirían sesiones de acupuntura, pero en realidad se tenía un dispositivo que prevenía que las agujas se introdujeran al cuerpo. En el estudio, se les dividió en tres grupos: uno recibió la terapia de manera formal y distante; otro fue atendido por un médico cálido y compasivo; el tercer grupo no recibió ningún tratamiento.

Tres semanas después, cuando finalizaron las sesiones, se tomaron muestras de sangre para determinar la variante del gene Catecol-O-metiltransferasa (COMT) que tenían. Este gene desempeña un papel importante en la forma en que actúa la dopamina, un neurotransmisor que se produce en estado de bienestar y que se libera durante el efecto placebo.

El doctor Ted Kaptchuk, director del Programa para Estudios de Placebo y Encuentros Terapéuticos del Centro Médico Diaconisa Beth Israel, quien dirigió el estudio, afirmó que los pacientes sin tratamiento pero con una variante del COMT que triplica la cantidad de dopamina en la región frontal del cerebro, no tuvieron ninguna mejoría, en tanto que quienes recibieron el placebo sí la experimentaron.

El mejor efecto se obtuvo en quienes recibieron el tratamiento profesional cálido y compasivo. Además, se encontró una relación directa entre la variante del gen COMT y el efecto placebo, consideró el doctor Kaptchuk. Por su parte, el doctor Edzard Ernstel experto mundial en placebos, de la Universidad de Exeter, Gran Bretaña, ha señalado que este estudio preliminar “podría resolver el viejo misterio de porqué algunos individuos responden a placebos pero otros no”.

Si efectivamente se comprueba que un gen interviene en el efecto placebo, se corroboraría que el ser humano tiene un prodigioso arsenal en su organismo, que lo ayuda a restablecer la salud.

reneanaya2000@gmail.com