Invertir en trotapistas y en ciclovías
Christián Gutiérrez
Una de las formas para combatir la violencia y a los delincuentes es utilizar los cuerpos de policía. Esta es la fórmula más recurrente, desde luego, casi siempre de manera reactiva ante los fenómenos de violencia o ante sus elevados índices, lo mismo que los de la criminalidad en México. Sin embargo, existen otras estrategias de política que quizá los gobiernos no están considerando en justa dimensión y que podrían resultar más eficaces que utilizar policías y violencia legal. Me explico:
Un elevado porcentaje de los delitos que se cometen en México se cometen bajo el influjo de alguna droga legal o ilegal. Personas que ejecutan delitos en este momento, lo podrían estar haciendo bajo el influjo del alcohol, marihuana, cocaína o del cemento, entre otras drogas.
No se trata de volver criminales a los enfermos que tienen la necesidad de utilizar drogas. De lo que se trata es de reconocer que muchos delitos sí se generan bajo la influencia de drogas, y de esto se desprende la necesidad de plantear diferentes medidas de solución a la violencia y a los delitos, pues existe un elevado índice de jóvenes que están expuestos a las drogas y, en consecuencia, podrían convertirse en potenciales hombres o mujeres violentos o en delincuentes.
Existen dos causas frecuentes para comprender la relación droga-delito. La primera nos indica que las actitudes agresivas que podría manifestar una persona intoxicada son, desde luego, una forma de violencia. La segunda nos dice que la violencia económica y compulsiva se deriva de la necesidad desarrollada por una persona adicta, para conseguir dinero que le permita adquirir sustancias adictivas. Así, por ejemplo, una persona adicta a una droga podría violentarse o cometer algún delito para obtener algo con qué adquirir una droga lícita o ilícita.
Recientemente, la Encuesta Nacional de Adicciones (ENA 2011) mostró cifras respecto al consumo de alcohol (droga lícita). En 2008, entre la población total —12 a 65 años— seis de cada diez aceptaron haber consumido alguna vez bebidas alcohólicas, y para 2011 la cifra subió a siete de cada diez. Más cifras de esta droga: de 2002 a 2011, la dependencia al alcohol aumentó en los hombres de 8.3 % a 10.8 %, y en las mujeres se triplicó al pasar de 0.6 % a 1.8 %. En los adolescentes, comienzan a beber alcohol a los 16 años, y ellas mantienen la tendencia iniciando a los 19 años.
Por esto, es muy importante que los gobiernos piensen en la recuperación de espacios públicos y en la adecuación o construcción de más áreas o unidades deportivas. El deporte, por naturaleza, genera salud e implica actividades y retos en qué pensar. Un deportista difícilmente estará pensando en drogas, por lo tanto, será más complicado que sea violento o delincuente. Ya en algunos lugares de México, comienza a “ponerse de moda” correr, trotar o caminar, lo mismo que pasear o ejercitarse en bicicleta. Por ello los gobernantes deberían invertir mucho más dinero en trota-pistas y en ciclovías. Creo que funcionaría para tener más deporte y menos adicciones.
El autor es politólogo.
Twitter: @christian_gtz
