Lo pretendido y lo alcanzado

Carlos E. Urdiales Villaseñor

Hay dos facetas de alto contraste en el gobierno que está terminando Felipe Calderón: el notorio rechazo, por sus pobres resultados, de la guerra contra la delincuencia, y la otra es la reconstrucción del IMSS; una que da cuenta de decenas de muertos, de percepciones generalizadas de ir perdiendo la batalla, y otra que rinde resultados, una inversión histórica que mejora la cobertura médica con una percepción de calidad y calidez.

Durante la más reciente Asamblea General del Instituto Mexicano del Seguro Social, su director Daniel Karam hizo un recuento de lo alcanzado y de los pendientes para la institución, que ha sido reconvertida en lo financiero y en lo operativo, el contacto diario con millones de asegurados que acuden a sus servicios.

Se invirtieron 25 mil millones de pesos en unidades médicas, 13 mil millones en tecnología y mil 800 millones en urgencias, que funcionan en beneficio de sus derechohabientes.

Karam informó que se fortaleció al cuerpo médico del Instituto: de cerca de 80 mil médicos que hoy laboran en el país, 18 mil 700 son nuevas contrataciones; en el caso de las enfermeras, de las casi 102 mil que trabajan en el IMSS, 24 mil 500 son de reciente incorporación; esto es, que alrededor del 30 % del total del personal médico y de enfermería se ha incorporado al Seguro Social en los últimos 4 años.

Dato importante es que en la víspera de esta última asamblea, a la que no asistió el presidente Calderón a pesar de haber sido anunciada su presencia como en años anteriores, fue la declaración de Enrique Peña Nieto sobre la decisión de su próxima administración respecto a la continuidad del IMSS como pilar de la cobertura médica y asistencial para la mayoría de los mexicanos. No habló de fusiones y descartó la desaparición de este emblema del México con desarrollo estabilizador.

En el otro recuento, el de las bajas y demoras de buenos resultados está la guerra contra la delincuencia. Un esfuerzo mayúsculo de este gobierno con un pésimo manejo a nivel de comunicación y con poca socialización. Este combate por la seguridad y la legalidad se apoyó más en el discurso machacón y en la mercadotecnia política que no logró la asimilación de ser algo necesario pero mal implementado y, sobre todo, la idea de que fue una estrategia adoptada porque esperaban una alta rentabilidad política. Cosa que a la luz de los resultados electorales no ocurrió.

No fue el empleo como se ofreció en campaña. Fue la guerra de la que nunca se nos advirtió el sello histórico. Ahora se dice, ya en el estribo de la historia, que fue el sexenio de la salud.

Ahí hay buenas cuentas que se contaron poco o nada. Contrastes que marcan las luces y sombras que toda obra humana tiene, y la administración pública en esas alturas y responsabilidades son juzgadas por lo que pretendieron y por lo que alcanzaron.

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