Juan José Reyes

No hay quien hable bien del dinero, al igual que no hay nadie que no lo necesite. Para los conservadores es un signo de la decadencia moral que corre al parejo de la prosperidad; para los de avanzada significa también una merma, en cuanto que simboliza los horrores de la sociedad capitalista alienada. Los mexicanos decimos que el dinero no lo es todo, y en nuestros tiempos la vieja frase suele acompañarse de frases dizque ingeniosas cargadas de tantito cinismo: “Pero con eso me conformo”. El poeta Jaime Sabines hizo un poema que comienza diciendo “Cantemos al dinero” para pasar a enumerar cosas que con el dinero pueden hacerse: “Si quieres una mujer, cómprala. Si no la quieres, puedes pagar para que la maten”. “Salud, dinero y amor” pide la canción y uno piensa cuántos dilapidan la salud propia en las aras monetarias y cuántos no enmascaran su ambición tras los rostros del sentimiento. Está justamente muy desprestigiado el dinero, y como tantas otras cosas en la vida con todo y eso es necesario y perseguido y si se puede acumulado. El dinero importa desde luego, pero no tanto tal vez. Hay una cara positiva del dinero. Suele ser un medio para estrechar los vínculos sociales, e incluso familiares. Es bien conocida la solidaridad de la gente pobre, nacida de la carencia y la estrechez, y en todo el mundo el poco dinero sirve para desplegar nobleza cuando la estrechez agobia. Son muchos más los que se afanan trabajando limpiamente en pos de su jornal que los que transan o delinquen en pos de fortunas o dinero para cosas sobrantes. La autora de este libro subraya este último aspecto del dinero, al analizar sus usos público y privado en Estados Unidos durante el tiempo que va de 1870 a 1930. El dinero sirve, por ejemplo, para comprar regalos, y acercar a las personas; sirve para el gasto diario, para comprar lo del mandado, con lo que fortalece o debería fortalecer la vitalidad de la vida social; y sirve desde luego para aportaciones en favor de obras benéficas. El estudio de Zelizer tiene mucho interés, como bien ha apuntado John Kenneth Galbraith, que lo encuentra “revelador”. No hay duda de que lo es. Viviana A. Zelizer, El significado social del dinero.

Traducción de María Julia de Ruschi; revisión de la traducción de Mariana Luzzi. Fondo de Cultura Económica, Argentina, 2011; 274 pp.