Ricardo Muñoz Munguía
Las etiquetas en nuestra sociedad, en muchísimos casos, han sido como hierros candentes en carne viva. Así el caso de la palabra queer, la que en un tiempo era utilizada para señalar, con toda la carga del insulto, al que se salía del redil de la “buena” sociedad, es así que al ladrón, al engatusador, al vicioso, al tramposo, al “raro”… se le llamaba con una palabra lanza, para finalmente transformarse de la vergüenza, el secreto y la humillación en una ubicación de la homosexualidad. Rubén Olachea, autor del prólogo a Notas sobre literatura mexicana queer, apunta hacia la evolución de la teoría queer: “Recordemos que el término legitima el uso de lo que fue un insulto sumamente ofensivo y de uso extendido que reprobaba la transgresión homosexual, para proponer algo bastante útil desde la Academia: corregir en vez de regir”. La compilación del volumen que hoy nos ocupa se encarga de la literatura mexicana queer. Siete autores ofrecen un panorama sobre las obras que están en la definición queer: Dante Salgado se ocupa de Fruta verde, de Enrique Serna, con el subtítulo “¿salir del clóset o de la tradición?” que, para quienes conocen la novela, recordarán al personaje Germán, el intelectual que no alcanza francamente a revelar su homosexualidad; Rubén Olachea define su apartado “Lectura queer de Toda esa gran verdad, de Eduardo Montagner”, novela que el autor dedica a Daniel Sada, quien menciona en la contraportada de ese libro: “Eduardo Montagner revela un sugestivo paisaje interior. La instrospección aflora hasta dar plenitud a las catarsis y las vicisitudes de lo que significa descubrir una genuina identidad homosexual”; Martha Piña Zentella propone en “Hombría sombría y la representación de la masculinidad en Fruta verde y Toda esa gran verdad” enfrentar el término “masculinidad” centrándose en ambas novelas; Gabriel Rovira en “Antonio Marquet, una voz ilustrada del Mester de jotería” abunda en el volumen mencionado que compila diversos ensayos “sobre el colectivo gay de México” que comprenden la temática de teatro, cine, televisión y, principalmente, en la denuncia de la discriminación homosexual; Rosa María Farfán / Alí Calderón se ocupan en su “Por una poética del cuento homoerótico mexicano. Tres ejemplos: Enrique Serna, Ignacio Trejo Fuentes y Fidencio González Montes” de los cuentos, respectivamente, “Tía Nela”, “Rosa de doble aroma” y “Juego de ajedrez”; éste último precisamente marca el arranque del tema homosexual pues se trata del primer cuento publicado en México hace poco más de tres décadas; y finalmente Mario Calderón en su ensayo “Sensibilidad masculina y sensibilidad gay en la poesía” se detiene en la relevancia del género en la sensibilidad de un poema y para ello se ocupa de algunos versos que marcan esa importancia. Sin duda, un libro con la fuerza de la revelación e identificación de una buena parte de la literatura queer en México.
Notas sobre literatura mexicana queer. Editorial Praxis / Universidad Autónoma de Baja California Sur, México, 2012; 140 pp.
