Alejandro Alvarado

Graciela Olmos, La bandida, es una leyenda popular que se movía en la parte oscura de la sociedad. “Es —asegura la autora de la novela La bandida (Grijalbo), Magdalena González Gámez— muy difícil realmente aspirar a verificar muchas cosas al respecto de La bandida. Sin embargo, es leyenda diferente de otras leyendas porque fue protagonista no solamente en la interacción social sino en su vida íntima del cambio del México revolucionario al México institucional y lo hizo desde la élite. Pudo atestiguar una serie de transformaciones, acuerdos, el tráfico de influencias, situaciones de poder; que quizá nunca vamos a conocer pero que psicológicamente la volvían interesante no sólo por el hecho de ser mujer, que ya es en sí interesante, sino porque también la convertían en alguien sometido”. —Háblenos de la participación de la Bandida en la Revolución Mexicana. —Me obligué a seleccionar de entre las millones de cosas que se dicen de ella algunos aspectos que sirvieron para delinear el personaje, no biográficamente sino, insisto, desde su vivencia interna. No pretendí en ningún momento escribir una biografía. La Bandida nace en 1895, sus padres son asesinados, y es adoptada por unos españoles que la envían a un internado en donde conoce al Bandido, uno de los generales villistas de origen duranguense, que muere en 1915, en la batalla de Celaya. Ella hereda de él el apodo, pero se queda a la deriva… —La recreación que usted hace de Graciela Olmos ¿cómo trata con la realidad y la leyenda? —Traté de apegarme más a ella que a las leyendas. Éstas muchas veces se contradicen. Me pregunté qué pudo haber hecho una mujer que no tiene una visión completa de las cosas, que vive en la Revolución como esposa de alguien, como Adelita. La Bandida tuvo de modelo a los revolucionarios y comprendió que, aunque eran hombres con reivindicaciones justas, en la vida íntima podían ser violentísimos y machísimos. Me inquietaba conocer cómo pudo asimilar eso una mujer y cómo se adhirió a la causa y, por otro lado, cómo adquirió los modos operandis de ellos. Eso todavía me parece escalofriante. Desde la violencia y la inocencia que había vivido cómo pudo ella ser capaz de ir asimilando eso hasta que queda sola. Viene la parte donde decae el gobierno de Villa en Chihuahua y la soledad es extrema entonces. La Bandida tiene que valerse por sí misma, y la recreación que hago de ella misma es una en donde va conectándose con toda esta gente. Ya no tenía la posibilidad de ser gavillera ni bandida y su única alternativa era la prostitución. —¿El México institucional cómo se refleja en la novela? —Se sabe que al cambiar de la Revolución al México institucional y pasar todos los generales a una etapa donde tenían que ser civiles, se necesitaba cambiar los modos y conocer de mundo, había que hacer gobierno. Eso yo creo que es un momento de reflexión interesante. Cómo es que todos estos hombres podían ir cambiando su sicología con respecto de esto. Hasta el mismo Plutarco Elías Calles, que fue el promotor de la institucionalización, debió hacer ese pase también interno. Nadie nos hemos preguntado eso. Cómo estos hombres en su masculinidad vivieron los cambios. Y si alguien atestiguo eso fue la Bandida porque los conocía íntimamente a casi todos. Esto es fascinante. Es ahí donde yo planteo que la historia nos condiciona en la vida íntima de una manera que no somos concientes por más preparación académica que tengamos. No lo reflexionamos así. —De Graciela Olmos quizá se puede escribir una biografía verificable y documentada, con un alto grado de probabilidad y certeza… —Es una leyenda porque mediante su conducta fue quedando en la memoria de la gente y es precisamente la gente quien la trae a colación. Cuando hablé con personas de cierta edad todos me contaron un pedazo de historia de la Bandida. Me dieron diferentes versiones del mismo hecho. Eso está bien, porque más allá de la anécdota o de poder hacerse apología de ella, de la parte artística o de farándula, que a mí no me parece que deba ser así, no obstante que también es real esto; hay que ver la complejidad del asunto. Más allá de la anécdota, los interlocutores terminan reconociendo la fuerte personalidad de la Bandida y la veracidad de su historia. Algunos de los personajes importantes que como clientes visitaban el burdel de la Bandida son de primera mano, para no suponer nada, ella habla claramente y yo cito algunos corridos. Entre ellos están Miguel Alemán, Plutarco Elías Calles y a su hermano, y el coronel José García Balseca. —¿A qué conclusión llega de la transformación de una mujer revolucionaria, con ideales de libertad, que termina convirtiéndose en una prostituta célebre? —Eso es lo interesante de por qué es una leyenda arquetípica. Si lo ves desde el punto de vista histórico hay muchos revolucionarios que se han convertido en dictadores; hay dictadores que prometen muchos cambios y después se convierten al fascismo. Esto es una parte de la naturaleza humana que la sicología ya viene aceptando, pero como tenemos tan segmentado el conocimiento no lo integramos. Cuando estudiamos objetivamente la historia o las ciencias sociales nos damos cuenta que la conducta y las relaciones humanas están dominadas por las emociones y hay que trabajar para ser congruentes, entre lo que uno piensa, lo que dice y lo que siente, antes de cualquier cosa. —¿Cuál era el poder real de la Bandida en el terreno político y en el medio del espectáculo? —No lo puedo medir objetivamente; no poseo un dato; pero por los pocos testimonios de primera mano que pude tomar de ella, la Bandida conoce en Tampico al que sería dueño del Teatro Lírico en la Ciudad de México. Este hombre estaba muy bien relacionado con Emilio Portes Gil, quien se veía de secretario de Gobernación, en la antesala de la Presidencia. Además, en la historia de la música en nuestro continente, puedes verlo en Estados Unidos, la parte artística está muy promovida por la mafia. Claro, ellos quieren diversión. En el caso de la Bandida, ella misma es compositora, cantante y parte de la caravana de los personajes que serán conocidos después, cuando surgen las primeras radiodifusoras mexicanas. Cuando abre la casa de prostitución, ya cuenta con músicos y cantantes para que den ahí su espectáculo. Ella los protegía y apoyaba. Protegidos de primera mano solamente conozco declaraciones de Marco Antonio Muñiz y de Pepe Jara, los demás, como que todos iban, se relacionaban, obtenían cierta promoción, digamos que había un nivel de aceptación de ella de canalizar el trabajo de toda esta gente. La Bandida no era como las Poquianchis, obviamente, esto se debe al estamento social, nada más. Tuve acceso a la grabación de una fiesta en la casa de citas. Es escalofriante. La Bandida está cantando el corrido a Miguel Alemán. Se escucha eso que yo transcribí. Es escalofriante. Ella es una mujer de armas tomar…, se queda muy débil la descripción, decir cabrona es decir poco, es un muro. Es puro fuego.