Descomposición social, realidad que desencanta

Marco Antonio Aguilar Cortés

La llamada Revolución Mexicana cumplirá pronto 102 años. No fue, sino es parte de un proceso vivo, con raíces profundas y consecuencias activas. El poderío gringo supo utilizar en 1910, a su provecho, el caudal de contradicciones descompuestas de la etapa del liberalismo mexicano.

Hoy, en este 2012, parecen repetirse con personajes, acontecimientos y escenarios diferentes, similares grados de descomposición social.

Por más que queramos observar cosas positivas en la estructura nacional, vemos ahora ante nosotros una realidad que desencanta, ya que la depredación en todos los sectores es atroz.

Si volteamos nuestra vista al medio ambiente registramos la contaminación del agua, del aire, de la tierra. Estas fuentes de la vida están depredadas.

En la economía notamos de inmediato los desgarres de la productividad en el campo, la falta de empleos, la criminal distribución de lo producido.

La educación, escolarizada o no escolarizada, se encuentra en una condición de menoscabo grave. Por cualquier parte que la examinemos, grita pidiendo auxilio.

Respecto a la política, tanto genérica como electoral, no son pocos los que califican a sus practicantes de “mafias”, o como “delincuentes” en privilegio.

En todos los estratos sociales, como en todas las religiones, se percibe un mal olor, y en ellos se advierte que destilan una pus ya inocultable.

Y en todo lo anterior, como en otras cosas igual de atroces, muchos medios masivos de comunicación se solazan, so pretexto de que ellos únicamente reflejan la realidad, publicitando notas rojas de escándalo, sin ninguna reflexión aportadora, sabiendo que estos alborotos noticiosos les producen sus mejores ingresos.

Algún día se darán cuenta de su equívoco, cuando todo sea tan desastroso que no habrá quien les compre ni sus espacios ni sus criterios. ¡Funesto negocio es el portarse mal!

¡Quién lo dijera!, el mismísimo secretario de Gobernación, Alejandro Poiré, califica el inicio de la administración del presidente Felipe Calderón Hinojosa “como si hubiéramos entrado a una casa y nos hubiéramos dado cuenta de que teníamos los cimientos verdaderamente infestados de ratas”.

Su visión significa que, ya en el 2006, el México entregado por el presidente Vicente Fox era un verdadero nido de ratas, puesto que don Vicente lo que reportó a su llegada fue, exclusivamente, “víboras prietas y tepocatas”; es decir, otro tipo de alimañas.

Pero lo curioso es que si desde 2006 había tantas ratas, llegados al 2012 la Secretaría de Gobernación a través de su titular reconoce que subsisten, lo que constituye toda una confesión.

Así que en este renglón coinciden Poiré con Andrés Manuel López Obrador, quien ha expresado: “El gobierno federal que se va es un desastre, pues sólo ha dejado a miles de familias en luto”.

Dentro de pocos días corresponderá al presidente Enrique Peña Nieto iniciar su sexenio. Es lógico que él solo no podrá resolver todos esos problemas; empero, si aparte de tanta pudrición hay quienes quieren ponerle piedras en el camino al nuevo titular del Ejecutivo federal, torpes y perversos se van a ver esos opositores.

Todos, incluyendo a López Obrador, debemos ayudar a México, apoyando al presidente Peña Nieto para que cumpla, puntual y cabalmente, todo lo que prometió en campaña. El proceso revolucionario subyace activo. No atender a los nietos de la abuela olvidada es una injusticia de alto riesgo.