La ilusión de alcanzar el viejo ideal del sueño americano

Carlos Jiménez Macías

 

Las elecciones de Estados Unidos fueron sin duda una gran lección para el Partido Republicano al perder estados clave e importantes que representan un gran número de  delegados y donde habita una enorme  población latina:  California con 55 delegados, Florida 29, Nueva York 29, Illinois  20  y Colorado con 10. La suma de éstos da casi la mitad de los 270 que  necesita un candidato para ser presidente de Estados Unidos de Norte América.

Grave error: al candidato republicano Mitt Romney no pareció importarle la masa votante de origen latino. Ni siquiera hizo el intento de seducirlos, como corresponde a toda campaña política; por el  contrario, los atacó, los vio como enemigos y, racista, los consideró una amenaza para el país. El resultado no fue difícil de predecir: un claro triunfo de Barack Obama, que supo atraer el voto de 71 % de los hispanos. Si bien, durante su mandato no logró presentar una reforma migratoria, promulgó el decreto Dream Act, con el cual millones de jóvenes indocumentados que llegaron a este país en brazos de sus padres resolverán su estatus migratorio y podrán seguir con la ilusión, que se aleja como el horizonte, de alcanzar el viejo ideal del sueño americano.

En lo personal confío en que, en el curso de su nuevo mandato, Obama propondrá al Congreso una reforma migratoria para la cual necesitará el apoyo de los republicanos, quienes han aceptado debatir este tema. El español es una lengua que se seguirá escuchando en los lugares no sólo de trabajo sino también en los de innovación e inteligencia. Cada vez está más lejano el mito de mano de obra barata como única aportación de los países de nuestra América. La capacidad intelectual de los latinos —lo hemos visto— habrá de contar mucho en el proceso de recuperación económica del país vecino.

El primero de diciembre tomara posesión Enrique Peña Nieto del gobierno de México y casi dos meses después Obama jurará sobre la Biblia su buen desempeño como presidente de Estados Unidos. Queremos creer que se avecinan grandes cambios entre estos dos países que no ha tenido —lejos de ello— la tersura de dos potencias que, en condiciones de desigualdad, comparten una frontera que cuenta entre las más largas y la de mayor tránsito en el mundo.

En la próxima reunión que sostendrá el presidente electo de México Enrique Peña Nieto con el presidente Obama, se presenta la esplendida oportunidad para replantear un nuevo modelo de relación bilateral con las prioridades que Peña Nieto ha venido anunciando en los últimos meses en materia económica.

Es evidente que la estrategia en materia de seguridad que prevaleció estos últimos 6 años no detuvo la ola de violencia, ni el flujo de drogas y de armas en la frontera, por lo tanto es necesario cambiarla y fortalecer aquellos programas de cooperación que sí tuvieron impacto en algunas entidades del país. También es necesario evaluar los posibles efectos que pudieran repercutir en nuestro país por la legalización de la mariguana en algunos estados de la Unión Americana y su impacto a nivel global en la lucha contra el crimen organizado.

Insistir en el tema  del respeto a los derechos humanos de los migrantes mexicanos. Nada justifica la violencia asesina que han padecido algunos  compatriotas víctimas de brutales golpizas e incluso asesinatos por el único delito de intentar cruzar la frontera.

Buena parte de nuestra Historia, así con H mayúscula, se ha escrito entre los renglones de una diplomacia que requiere de muy alta preparación, nacionalismo consciente y habilidad negociadora para que la política del buen vecino sea, más allá de utópicos anhelos, el resultado de un acuerdo global basado en el respeto recíproco, la buena voluntad y la cooperación económica, social y ambiental entre dos naciones que están obligadas por estructuras geográficas, a compartir un mismo destino.

¿Será mucho pedir?