Alan Saint Martin
Recientemente la editorial Tusquets publicó dentro de la colección La sonrisa vertical, su más reciente título La muerte y su erotismo, libro que reúne a diversos autores mexicanos. Con textos tan distintos como los propios escritores, la antología se construye con cuentos que seducen y son seducidos por el erotismo mismo y la muerte. Andrés de Luna (Tampico, 1955), autor de diversos libros de ensayos y de narrativa, de los cuales destacan El bosque de la serpiente (1998) y Cuentos eróticos de Navidad (1999), ambos editados por Tusquets dentro de la colección La sonrisa vertical, nos comparte “Unas cuantas palabras”, cuento que, además de la presencia a la sexualidad, está la referencia a la amistad de las personas con una escritura particular. Lo primero que le pregunto es al respecto de la estructura del cuento: está escrita en varias partes y todas comienzan con una palabra; en la mayoría son sustantivos, vienen los dos puntos y la narración, en otros casos son lugares y en otros acciones. —¿Qué se busca lograr de esta forma con la estructura del cuento? —Me interesaba marcar varias situaciones, básicamente, que pudieran englobar esta idea que se suscitaba a partir de dos cosas que me interesaba poner en juego: la idea de la amistad y la idea de la violencia. Eran como dos puntos, aparentemente, contradictorios, pero que a veces se llegan a dar. En el cuento la amistad está auspiciada por un juego violento, por una idea que está detrás de todo esto y para poder desarrollar esa idea en juego, se me hizo interesante marcar con palabras que fueran orientando cada uno de los aspectos. Me parecía interesante hacer estos espacios, digamos, para poder ubicar a los dos personajes centrales de este texto. Con la lectura del cuento de Andrés de Luna me doy cuenta que empieza con la palabra “amistad” y cierra con la misma palabra. Entonces se vuelve circular el texto. El propio autor se aventura hacer una definición no de diccionario académico, más bien de autor; la primera frase u oración es lo que conlleva cada palabra y, a partir, de este acercamiento se desarrolla la historia. Otra cosa que llamará la atención al lector es que el cuento está escrito en presente y no en pasado, infiero por qué seleccionar el presente como tiempo de acción. El autor me contesta que ese tiempo le daba la medida de lo que estaba ocurriendo. Siempre era una actualización precisamente porque el rito está ubicado en dos maneras: la revelación en la cueva hasta el rito final que termina el cuento, finalmente son actualizaciones del pasado en el presente, siempre hay este eterno retorno. Cada personaje tiene su propio nombre y al personaje de “La Bestia” se le conoce así desde un principio y, posteriormente, descubrimos que sí tiene un nombre y se autonombra “La Bestia” por un renacimiento o redescubrimiento de su ser. —¿Enunciarlo de esta manera, presupone que el lector intuya en su lectura por qué se llama “La Bestia”? —No, irá descubriéndolo porque el personaje tiene un grado de sofisticación, pero que quiere renunciar a él, quiere hacer una especie de regreso a los orígenes para poder construir su propia “leyenda”. Es decir, eso ocurre con mucha frecuencia con los egocéntricos generalmente, quieren tener un mundo particular, un mundo privado, como crearse esta mitología propia que finalmente les va a dar sentido en su vida. Con el personaje de “La Bestia” conocemos que es un actor nietzcheniano que representa “Aurora” en el teatro, desnudo, así como a un hombre autoritario en la descripción de la cena donde él ya decidió qué van a comer sus invitados y, al mismo tiempo, llega a ser un poco permisible con sus cuatro conquistas, quienes resultarán ser las que aparecerán en el rito final. —Pareciera que dentro del cuento existe una relación sado masoquista de “La Bestia” y la mujer, con sus partes claras: el dominado y dominante. ¿Desde un principio se pensó así la historia? —Se fue construyendo así. La historia la pensé de otra manera, venía de un libro que había leído de Nadine Trintignant sobre la muerte de su hija; una actriz que mata a un cantante pop que, además, era militante de las organizaciones agrícolas en Europa, ni siquiera en Francia. Entonces me pregunté cómo podría darse el caso de un hombre altamente refinado, inteligente, que convocaba a mucha gente y demás y que de pronto podía llegar a ese grado de violencia incluso de manera bastante cobarde. Quería recrear eso y de pronto me di cuenta que esa no era la historia, me interesaba contar otra y fue la que se fue imponiendo en el texto. Como clímax de la historia está la relación sexual dentro del rito y en éste está la presencia de las cuatro mujeres, y que no son vírgenes, quienes han tenido una relación de amistad y amorosa con “La Bestia”. Se supone que, en la mayoría de los ritos o sacrificios paganos, las mujeres tienen que estar en el albor de su juventud y, por lo tanto, ser vírgenes para efectos del ritual. —Hablemos de cómo se construye la inocencia en las cuatro mujeres. —Estas mujeres se vuelven cómplices, son inteligentes, son profesionales. Entonces qué pasa con todo eso, se entregan de manera inocente a una amistad que finalmente les va a entregar la condición de personajes susceptibles a un rito iniciático que es toda la amistad con este hombre hasta llegar a la celebración final. Lo que propone el erotismo es un grado de ingenuidad muy grande para poder inventar toda esta parte en relación al deseo, siempre nos toca ese punto de ser ingenuos frente a lo que estamos viendo. El personaje de “La Bestia” se autobautiza de esa manera cuando tiene una epifanía dentro de una cueva e inmediatamente pienso en la alegoría de “La caverna” de Platón con estos seres que observan sombras en las paredes, la decisión de uno para salir y observar qué es lo que origina esos reflejos. Además, la relación que existe con el útero materno y el alumbramiento. Para el autor, la cueva tiene un simbolismo extraordinario, ya que es el primer laberinto a enfrentar. En la narración del cuento vemos cómo los bisontes y demás animales de pronto vienen y saltan de las paredes para entrar en la epifanía del personaje. —Comentemos sobre la decisión que toma para sintetizar o extenderse, no mucho, con las relaciones sexuales. Hay referencias sutiles y, al mismo tiempo, directas dentro del cuento, no se leen grandes párrafos. ¿Quizá porque no le interesa adentrarse en el sexo en sí, más bien en la amistad que existe entre ellos? —Yo creo que eso mismo lo va diciendo el mismo texto, cada uno es diferente. En mis textos en general, no hay una descripción detallada de todas estas cosas, siempre son como flashazos, como atisbos nada más, no por buen gusto o mal gusto, porque a veces lo que se cuenta es muy fuerte, pero te lo va dando, si no necesitas desarrollar más, no lo buscas, no lo ubicas, con que esté enunciado, para mí es suficiente. Existen escritores que presuponen el tipo de lectores que les interesaría tener o, más bien, a partir de lo que han escrito observan la comunidad que ha generado sus libros o historias. Hay una imaginación de posibles lectores que se parezcan a los personajes del cuento, que les interese una antología de cuentos eróticos, por ejemplo. Para Andrés de Luna concebir un lector en mente es realmente difícil y presuntuoso. Por último, aparece el nombre Bertrand, el nombre original de “La Bestia”. A la vez, él mismo se auto compara con “La Bestia” como si fuera un doppelgänger, el otro, elemento característico del siglo XIX y que puede ser aún más siniestro, utilizando el término de Freud, que un ser extrasensorial. —¿Decir el nombre del personaje establece un antes y un después en la creación del cuento y la concepción de Bertrand como “La Bestia”? —Exacto. Porque la escena de la cueva me parece que es la que determina muchas cosas, porque, además, sí creo profundamente en la epifanía. Entonces hay muchos tipos de epifanías, pienso que a pesar del mundo tecnológico, moderno, todavía nos llegan ciertas experiencias que pueden ser extraordinarias y que nos pueden transformar de alguna manera. Por eso era el antes y el después, porque después de una manifestación así resulta que no puedes ser el mismo.
