Se van…
Humberto Musacchio
Los mexicanos estamos acostumbrados al tiradero de fin de sexenio, pero lo que vivimos ahora amenaza la existencia misma de la nación. Terminan, por fortuna, doce años de gobiernos panistas en un ambiente de desolación y pesimismo social, con instituciones en quiebra y un país anegado en sangre por la llamada guerra contra el crimen organizado, una cruzada en la que murieron personas, seres humanos que dejan tras de sí el sufrimiento de madres, hijos, hermanos.
Pero el reguero de cadáveres no es el único saldo trágico del calderonato, que presume la estabilidad económica sin reparar en que la ruta seguida ha significado desempleo, carestía, salarios congelados, 54 por ciento de informalidad y un crecimiento promedio del PIB por debajo del aumento de población. Otro resultado nefasto de esa política económica, la misma por cierto que siguió el PRI de 1982 a 2000, es la emigración de uno de cada diez nacidos en México, que viven ya permanentemente en el extranjero.
La educación es zona de desastre y el cacicazgo sindical se usa como un pretexto perfecto para tapar la ineptitud de los sucesivos titulares de la SEP. Ha caído la calidad desde el kínder hasta la enseñanza universitaria, se perdió la mística que movió a cientos de miles de profesores durante décadas y el resultado está en jóvenes virtualmente analfabetos, con bajísimos índices de lectura y una mano de obra que se capacita en el centro de trabajo, no en las aulas. En suma, tenemos una educación que, con sus muy honrosas excepciones, no le sirve a los mexicanos.
La medicina pública y en general la seguridad social están en la ruina. Al menos esa es la idea que priva entre la tecnocracia. El Instituto Mexicano del Seguro Social está en quiebra técnica, porque las autoridades se empeñan en considerarlo un negocio que debe operar con ganancia. El IMSS ha recibido subsidio en repetidas ocasiones, pero el criterio actual es que resulta ineficiente y hay que dejarlo morir junto con los miles de pacientes que no tienen el medicamento indispensable ni la operación necesaria.
De las relaciones exteriores ni hablar. Lejos quedaron los días en que la posición de México era respetada y escuchada. Los gobiernos panistas y antes el de Ernesto Zedillo optaron por ser meros apéndices de Washington y renunciaron a políticas que nos enorgullecían, como la de asilo… Y así anda todo. Donde tocamos sale pus, una materia que muestra la descomposición en que estamos inmersos.
¿Podrán los priistas enderezar el barco? Hay poco lugar para el optimismo.
