Sara Rosalía
En una sola ceremonia a la que fueron convocados políticos e intelectuales, se otorgó al peruano Vargas Llosa la primera edición del Premio Carlos Fuentes y se reinaguró la Ciudad de los Libros, en un intento de cerrar con broche de oro la gestión cultural del sexenio. Las bibliotecas reunidas habían pertenecido a Antonio Castro Leal, a Jaime García Terrés, a Alí Chumacero y a José Luis Martínez. A estos acervos, todos legendarios. se unía, ese día, la biblioteca que perteneció a Carlos Monsiváis. En la trastienda, la crítica al foxismo que construyó un gran edificio (finalmente mal hecho), pero no se preocupó por los libros que albergaría.
El reparto de temas parecía bien pensado. Consuelo Sáizar se referiría principalmente a la Ciudad de los Libros; Jaime Labastida a la obra literaria de Vargas Llosa, él, a su vez, elogiaría a Carlos Fuentes; Calderón abordaría los dos temas las bibliotecas ahí reunidas y más que de la literatura del peruano, acabó por refugiarse en sus afinidades políticas. Los textos fueron excesivamente largos y el público se dedicó a mirar sus celulares, a murmurar comentarios o a calcular los muchos que eran, alguien arriesgó la suma de 500, otro que superaba los mil.
El poeta Jaime Labastida, como director de la Academia Mexicana de la Lengua, destacó primero la importancia del español. Señaló, por ejemplo, que de las siete mil lenguas en que se expresan los seres humanos, sólo unas 80, entre ellas la nuestra, disponen de escritura. Antes había dicho que hablan en español cerca de 500 millones de personas y se escucha en los cinco continentes y en unas 22 naciones. Una lengua, dijo, mestiza que se enriquece con las aportaciones amerindias. Después, el también director de la editorial Siglo XXI, hizo el “encomio” de Vargas Llosa, en especial de tres de sus novelas, las iniciales, La ciudad y los perros, La casa verde y Conversación en La Catedral. “Lo que quisiera subrayar es la voluntad de cambio estilístico, la tenacidad formal que está presente en todas ellas”.
Consuelo Sáizar, Presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, consideró que la reunión de las bibliotecas personales en el espacio de La Ciudadela (antigua propuesta de Vasconcelos) era la primera gran hazaña cultural del siglo XXI mexicano; sin embargo, reveló la inquietud de que la digitalización está, añade quien esto escribe, a la vuelta de la esquina. Comentó que, al igual que en la gestión de Vasconcelos, se unieron las bibliotecas de los escritores con las obras de los artistas, entre ellos, Francisco Toledo, Vicente Rojo y Magaly Lara. Se refirió a estas bibliotecas como la radiografía o la cartografía del pensamiento de los escritores que las formaron, como lugares para preservar la memoria.
En su turno, Vargas Llosa, a propósito de Fuentes, decidió hablar del Boom. Sugirió que mientras los críticos suelen iniciar ese movimiento con su novela La ciudad y los perros, debía ser La región más transparente, por la modernidad de sus recursos, la que ocupara ese lugar. (Por cierto, cuando Fuentes, entre otros, señala a la obra del peruano como punto de partida, lo hace porque obtiene el Premio Biblioteca Breve en España, no por ninguna novedad literaria). Destacó, lo que otros han hecho, la tarea de Carlos Fuentes como promotor, entre los editores de diversos países, de otros escritores latinoamericanos, no sólo los del Boom. Con un olvido imperdonable (y tal vez deliberado), por más que se sepa de la enfermedad de Gabriel García Márquez, aseguró que es el único sobreviviente del Boom. Dijo que Fuentes conocía muchos lugares en distintas ciudades, que suscitaba envidias, que su segunda vocación era la de actor. Dijo algo que quien esto escribe comparte plenamente: que el conjunto de la obra de Fuentes tiene una intención balzaciana. Pareció, en cambio, haber olvidado que el auge de la nueva novela hispanoamericana, según Fuentes, se originó en el orgullo de ser latinoamericano por el triunfo de la revolución cubana. Vargas Llosa habló de la tolerancia política e incluso llegó a decir que no debe haber querellas por razones políticas, cuando la ruptura del Boom fue causada por la carta contra Fidel Castro escrita por Vargas Llosa (como reveló hace unos años) y que causó el distanciamiento con García Márquez y el fin de la amistad con Julio Cortázar. Vargas Llosa comentó también, y eso nadie lo niega, que el Boom desciende directamente de William Faulkner.
Calderón elogió la obra literaria de Vargas Llosa y luego recordó que invitado por Octavio Paz en los ochentas “dijo aquellas mágicas palabras” de que “México es la dictadura perfecta” Y agregó, que Vargas Llosa asume la responsabilidad de sus palabras “como al hablar de Venezuela o de Cuba con verdad, pues se trata de un hombre libre por sus ideas y su congruencia”. Y, como puede verse en este párrafo, también afín a Calderón en sus ideas políticas.
La biblioteca de Carlos Monsiváis, con diseños de Francisco Toledo, tiene una vitrina con sus lentes y su Biblia, y la imagen de Carlos niño que acompañaba su columna de Por mi madre, bohemios. En su desorden, permite atisbar las curiosidades del escritor sobre el cine, el arte popular y el de masas. En algún estante, algunos, no todos, de sus propios libros.
En la inauguración estaban por ahí la escritora Bárbara Jacobs, la fotógrafa Paulina Lavista, Meche Oteiza con su compañero Manuel Felguérez, el escritor Federico Campbell con Carmen Gaytán. En el presidium, Silvia Lemus, y en el lugar de invitados especiales, entre muchos otros, Cecilia Fuentes Macedo, Luis Chumacero y Marcia Castro Leal. Estaban, claro, los familiares de Monsiváis: Doña Mary, Betty y Mauricio; Ara, orgullosa de su hijo. Rubén y Vicky contaban anécdotas de sus maestros de la Facultad de Filosofía y Letras.
