Tomás A. Granados 

La nueva dirigencia china elegida por el recién concluido XVIII Congreso del Partido Comunista ha recibido el mandato de impulsar el proceso de reforma y apertura, pero esta vez con el énfasis puesto en procurar un desarrollo integral y coordinado.

En otras palabras, la misión de los nuevos líderes chinos es que el país pueda lograr en momentos de crisis mundial un armónico desarrollo económico, social, político, cultural y ecológico que propicie el fomento de una sociedad moderadamente próspera en un plazo de 10 años.
Después de más de 30 años de espectacular carrera reformista que trasformó algunas villas de pescadores y anodinos poblados rurales en esplendorosas ciudades industriales, la certidumbre de que algo no ha marchado del todo bien está ganando cada vez más terreno.   En medios de la prensa oficial se ha llegado a criticar de manera insistente que el proceso de reformas y apertura ha llevado el desarrollo económico a muchas regiones del país acompañado de lamentables desigualdades sociales para sus pobladores.
Según la agencia estatal de noticias Xinhua, “mucha gente se ha disgustado o quedado perpleja por los males sociales del país, tales como alimentos de mala calidad, la enorme disparidad en la riqueza, los males medioambientales y la corrupción”.

La preocupación ciudadana también gira en torno a problemas como el acceso inequitativo a la educación, la atención médica y la seguridad social. Durante las sesiones del XVIII Congreso del Partido Comunista, que se extendieron del 8 al 14 de noviembre en el Gran Palacio del Pueblo frente a la emblemática Plaza de Tian’anmen en Beijing, fue elegida una nueva generación de políticos chinos liderada por el flamante secretario general Xi Jinping de 59 años.

A juicio de analistas chinos, en esa magna reunión quinquenal quedó allanado el camino para que la nueva dirigencia atienda las preocupaciones populares esenciales con vistas al desarrollo sostenible de este país, pero sin dejar de avanzar en el camino de la reforma y la apertura.En las nuevas enmiendas a la constitución, aprobadas por el XVIII Congreso de esta veterana organización política en el poder desde 1949, aparecen destacadas la reforma y la apertura como el “camino hacia una China más fuerte” y la “característica sobresaliente” de la nueva etapa que el país está a punto de emprender.

Según Xin Ming, profesor de la escuela de cuadros políticos del Comité Central del Partido Comunista, las reformas en China no son perfectas y algunas personas sienten nostalgia y hasta desean detenerlas.
“Pero en este momento, rechazar las reformas sólo conducirá a China hacia un callejón sin salida. El estancamiento y el retroceso en las reformas no es una salida”, dijo Xin citado por la agencia Xinhua. El profesor en teoría marxista explicó además que el igualitarismo, considerado como el culpable que asfixiaba la vitalidad nacional de China bajo la economía planificada, “ya no parece que sea bueno para nada”. Para otro especialista en teoría política como el doctor Zheng Changzhong, de la Universidad de Fudan, “los nuevos líderes del Partido deben comprender las diversas peticiones del pueblo chino, hacer una lista de prioridades y hacer avanzar las reformas en el momento apropiado y con la intensidad apropiada”.

“Si el Partido aspira a mantener su gobierno a lo largo del camino socialista, siempre debe tener en cuenta la opción estratégica de la reforma para el bien del pueblo”, afirmó el profesor Zheng.