Al inicio del nuevo gobierno

René Avilés Fabila

Cuando estas líneas comiencen a circular, Enrique Peña Nieto será el nuevo presidente de México, tendrá gabinete, proyectos y un futuro esperanzador.

En un sistema como el nuestro, de tosco presidencialismo, cercano a una dictadura habilidosa, manejará a su partido y al país. ¿Tomará en cuenta a la sociedad, a los críticos que ya padece desde que triunfó o como sus antecesores seguirá su propia ruta suponiéndola la sugerida por Dios? No es fácil saberlo. Por lo menos tardaremos un año o dos para saberlo. Pero del éxito de su gestión es que sabremos del rumbo futuro. Hasta hoy, hemos seguido a políticos de instinto y características de caudillos elementales. Los partidos sirven para lanzar al hombre o a la mujer que consideran para la presidencia. Luego desaparecen. Sus programas son asimismo elementales. No los requieren. Basta con obtener la presidencia a través de un líder carismático.

Hablar de ideologías en México, en el sentido más riguroso, es una buena broma. Dividir a los partidos en izquierda, centro y derecha parece una idiotez propia para extranjeros o cronistas políticos inexpertos. ¿Quién le dijo al PRD, al PT, a Morena, que son la izquierda? Ellos mismos.

De la misma manera el PRI se ha puesto en el cómodo centro, mientras que el PAN, por más esfuerzos que hace, se mantiene en la derecha. A los ojos del radicalismo ramplón que padecen muchos activistas, PRI y PAN son la misma cosa, no tienen diferencias. Pudiera ser. Pero tampoco en el PRD hay pruebas de que sea parte de las izquierdas. Si uno es generoso podría ubicarlos en una posición fácil: centro-izquierda. Y hay para quienes los tres “grandes” partidos están en el centro con algunos matices o peor todavía, en la derecha. Depende del enfoque y los datos comparativos utilizados.

Los perredistas y los seguidores de Andrés Manuel López Obrador razonan de modo primario: para ellos izquierda es ser bueno, amar al pueblo, detestar a los ricos explotadores, bajar sueldos a funcionarios y eliminar impuestos. Aquellos que piensan y actúan al contrario, son el enemigo, la derecha. En tal sentido la derecha está constituida por todos los partidos menos por el PRD y Morena, dos puntos de vista afines.

¿Qué hacer en este contexto de precaria lucidez, donde Marx o Bobbio son simplificados a límites extremos? No mucho. Esperar a que la lucidez reaparezca. Recuerdo las viejas clases de primaria, donde todo era claro: los liberales eran el progreso y los conservadores traidores a la patria y nadie nunca explicó que Miramón podía estar equivocado pero que eso no implicaba traición a México. Él veía un país distinto. Es todo. A la fecha mantenemos el pensamiento primitivo que nos señala quiénes son los buenos y quiénes los malos.

Peña Nieto y su partido, su equipo y sus seguidores en general dejarán que el país se debata en tal polémica inútil, provocada como si fuera poco por puros ex priistas que de tan arrepentidos o resentidos se fueron a una izquierda imaginaria. Me parece que no le vendría mal al partido que de nuevo gobierna, buscar una clasificación ideológica, un proyecto de nación a mediano y largo plazos. No sólo para responder a sus críticos feroces sino para aclararnos a los ciudadanos quién nos gobierna: ¿un señor, un partido o un acertado conjunto de ideas para un mejor futuro donde ha participado la sociedad? Finalmente, tenemos que aceptar que izquierda hay hasta en el derechista PAN.

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