César Arístides
A Paola Santos, por el libro prestado
No es fácil lograr composiciones poéticas tocadas por el humor, la ironía y el ingenio chispeante; dibujar en los lectores una sonrisa de añoranza y aceptación con versos de meditada hechura y resoluciones festivas. Para beneplácito del lector, los poemas de Baltasar del Alcázar conquistan de inmediato con párrafos sencillos, precisos y alegres, orientados a divulgar la cotidianidad de su tiempo, las controversias cotidianas y una forma distinta, celebratoria de entender el amor, las pasiones, los deseos, la vida. Poeta sevillano para la posteridad, soldado en su tiempo, nuestro personaje cultivó la poesía ceñida y fresca con mesura y garbo encantador. Sus poemas aluden con broma y desenfado a pasiones humanas pero sin complicarse la existencia; el humor en sus palabras es picardía atemperada por una dulce ingenuidad, su malicia, a veces infantil, otras cínicamente leve, expresa un temperamento burlón y dispuesto siempre a la dicha. En “Preso de amores” el arrobo afectuoso tiene su origen en una bella moza que termina por seducir al apasionado cuando le convida sabrosos alimentos. Gustoso del jamón, las berenjenas y las muchachas, el personaje de esta bella estampa define sus quebrantos y sus preferencias con ingenio entusiasta: “Tres cosas me tienen preso/ de amores el corazón:/ la bella Inés, el jamón/ y berenjenas con queso./ …/ Esta Inés, aun antes, es/ quien tuvo en mí tal poder/ que me hizo aborrecer/ todo lo que no era Inés”. La graciosa seducción obliga al amante a entrar sin contemplaciones en los territorios del embrollo gastronómico y amatorio cuando confiesa su indecisión ante las maravillas de la cocina y su creadora, las causantes de su desvarío: la linda Inés, el jamón y las berenjenas con queso. Por los octosílabos del poema sabemos que sus afectos crecen, su delirio llena sus pensamientos y punza su apetito, y ese gusto terreno se vuelve tormento angelical en sus sentidos, pues alimentos y mujer alimentan sus ilusiones: “Trájome un año sin seso,/ hasta que en una ocasión/ me dio a merendar jamón/ y berenjenas con queso./ …/ Fue de Inés la primer palma,/ pero ya júzgase mal/ entre todos ellos cual/ tiene más parte en mi alma./ …/ En gusto, medida y peso/ no le hallo distinción:/ ya quiero Inés, ya Jamón,/ ya berenjenas con queso”. Debo añadir, a quien guste de estas tentativas sandungueras, que Baltasar del Alcázar es autor también de una composición de idéntica gracia titulada “Cena jocosa”, en la que el contar un chisme sirve de pretexto para hablar de guisos sencillos, deliciosos, y un no menos suculento vino para completar el manjar. En “Preso de amores”, amablemente armado por versos elocuentes y de queja jovial, también los alimentos y su buen sabor son protagonistas para acrecentar los chuscos tormentos de la barriga y el amor: “Alega Inés su beldad,/ el jamón que es de Aracena/ el queso y la berenjena/ la española antigüedad./ …/ Y está tan fiel en el peso,/ que juzgando sin pasión,/ todo es uno: Inés, jamón/ y berenjenas con queso”. Después de atender las solazadas tribulaciones de este singular enamorado, no queda más que imaginar la gracia de Inés y los aromas de su comida seductora, dejar que la boca se haga licor con la promesa de fragancias y sabores del cuerpo anhelado, con las vituallas sabrosas, el sazón y los mágicos peroles, pues el poema visitado es una alabanza a los más caros apetitos.
